Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un pollito a la chiclayana con zapallito loche, ají amarillo y su papita sancochada. Para tomar pidió un jarrita de limonada frozen. “María, triste e impactante el caso de la influencer Andrea San Martín, quien fue detenida y hasta enmarrocada tras ser denunciada por su expareja Juan Víctor Sánchez, por presuntamente agredir física y psicológicamente a la hija de ambos.

Según el parte policial, el padre alertó a la Policía sobre presuntos jalones y lesiones, luego que la misma menor le contó en una videollamada. La Fiscalía ya inició una investigación y el Ministerio de la Mujer también intervino defendiendo a la niña. Estos son otros tiempos”.

“Antiguamente el castigo físico era casi una norma en casa. El famoso chicote era lo más temido de los niños. Y si no había, las mamás de antes agarraban las chancletas, una manguera o el cucharón para castigar. Así tenían derechitos a los muchachos faltosos, perezosos o malcriados.

Hasta en el colegio se aplicaba el castigo físico con un jalón de orejas o un reglazo en la palma de la mano. Pero son otros tiempos. No debemos seguir con ese tipo de correcciones porque humillan y afectan la autoestima de los niños.

A muchos padres se les va la mano y terminan causando daños severos en los menores. Hay otras maneras de corregir, con firmeza y consideración. Por ejemplo, no dejarlos salir con sus amigos, ni a una fiesta, quitarles el celular, hacerlos limpiar toda la casa o encerrarlos en el cuarto.

Las leyes, además, han cambiado y se han vuelto protectoras de los niños. Ellos mismos pueden denunciar a sus padres o los profesores alertar al Ministerio Público. Si va a corregir, hágalo en el mismo instante y no cambie su decisión para que su hijo sienta que es un castigo.

Pero sobre todo, mantenga siempre la calma, que la cólera no lo ciegue y piense en las consecuencias. Reaccionar con gritos o enojo descontrolado activa el sistema de alerta del cerebro del niño (la amígdala) y bloquea su capacidad de aprendizaje”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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