Manifestantes se enfrentan a agentes de la policía boliviana durante una concentración contra el presidente Rodrigo Paz en La Paz el 25 de mayo de 2026. Foto: Marvin RECINOS / AFP
Manifestantes se enfrentan a agentes de la policía boliviana durante una concentración contra el presidente Rodrigo Paz en La Paz el 25 de mayo de 2026. Foto: Marvin RECINOS / AFP

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por unos tallarines a la boloñesa con quesito rallado. Para tomar pidió una jarrita de emoliente calientito.

María, terrible lo que está pasando en la hermana nación de Bolivia, que desde hace semanas ha sido bloqueada por las hordas comandadas por el expresidente Evo Morales, hoy con orden de detención por pedofilia.

Especialmente La Paz vive momentos críticos por la falta de comida, combustible y medicinas, a causa de que los llamados ‘ponchos rojos’, la guardia armada del dirigente del MAS, han tomado las principales carreteras y no dejan pasar ni el aire. Poco les importa los enfermos que no tienen fármacos, se mueren en los hospitales o los niños que no pueden tomar leche o comer carne. La situación está llegando a límites insostenibles.

Evo Morales, depuesto por intentar un tercer mandato de manera ilegítima, igualito que Alberto Fujimori, ha pedido nuevas elecciones en las que él mismo participe, pese a tener una sentencia. Es decir, está dando un golpe de Estado. Eso nos espera si triunfa la opción de Roberto Sánchez.

Ya sabemos que la izquierda una vez que llega al poder no lo deja y se prende de él como una garrapata. Ahí están los ejemplos de Argentina, Cuba, Nicaragua, Venezuela o Corea del Norte. Como aquí, en Bolivia las hordas solo repiten ‘lucha por el pueblo’, ‘inclusión’ y democracia, pero cuando se les pregunta qué significa eso no saben qué responder. Solo repiten como robots lo que sus líderes dicen.

Acá, en el Perú, desde hace años exigen asamblea constituyente, pero ni siquiera saben qué capítulos o artículos cambiar. El Perú debe mirarse en el espejo de los bolivianos. Las políticas populistas solo traen más pobreza, atraso y exclusión. Por eso, no crean en nadie que les promete regalar la plata.

Solo el trabajo, la dedicación, el esfuerzo y el sacrificio se transforman en riqueza. Los gobiernos deberían dedicarse a fomentar el empleo, luchar contra la corrupción y la delincuencia y dar una mejor vida a los pobladores. Así que cuidado con los violentistas”. Me voy, cuídense.

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