
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una cachemita encebollada con arroz blanco y papas doradas. Para tomar pidió una jarrita de limonada heladita.
“María, las mafias de la extorsión siguen baleando buses interprovinciales y de transporte metropolitano como si nada. También extorsionan, secuestran y matan todos los días mientras se ve que la vigilancia policial ha disminuido.
El problema es que se sacó de la Comandancia General de la Policía al general Óscar Arriola y se relegó a puestos de menor importancia a generales operativos como Víctor Revoredo.
Fuentes de la Policía señalan que con Arriola había más operativos y, por lo menos, se mantenía un patrullaje más intenso y permanente en la Panamericana Norte, hasta Ancón, por donde pasan los ómnibus que van a La Libertad, Chiclayo, Piura y Tumbes. Hay la percepción de que en los puestos de mando hay puros generales de escritorio”.
“El país está en guerra contra la criminalidad organizada y se necesitan policías funcionales, que investigan, que salen a la calle, que acompañan a sus subalternos en los operativos. A la delincuencia se le encuentra en sus guaridas y por eso hay que golpear allí.
Encima de todo, nos enteramos de que hay una pugna, una pelea en el interior de la Policía por quiénes asumen los cargos máximos. O sea, deberían estar todos unidos contra el hampa, pero entre ellos mismos se meten cabe.
El accionar de las organizaciones criminales ha ido escalando. El 22 de octubre último, hampones balearon un bus que iba de Trujillo a Chiclayo. Por fortuna no hubo víctimas. El mismo día, un ómnibus de la empresa Nuevo Perú que se dirigía a provincias fue atacado a tiros cerca del puente de Acho.
El viernes 23 de octubre, en Ancón, dos pistoleros en moto balearon un bus de Cruz del Sur que llevaba escolares de una promoción de Lima a Trujillo. Por eso necesitamos a la Policía unida y a los mejores oficiales y agentes en puestos claves. De lo contrario, perderemos la guerra”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








