Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una sopita de pollo calientita con limón y ajicito molido. Después pidió un estofado con presa grande y un taza de anís para la buena digestión. “María, ayer escribía que tiene razón el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en señalar a Lima como una ciudad violenta y peligrosa.
Todos los días hay crímenes y lo peor es que el gobierno de Dina Boluarte y este Congreso son cómplices de lo que vivimos los peruanos porque no hacen nada para cambiar esta terrible situación. Nadie está seguro en la calle. Hace unas décadas, los niños salían al barrio, al parque o a la casa de algún amiguito y sus padres estaban tranquilos.
Hoy, un joven o una chica va a la universidad o instituto y su mamá mira a cada rato el reloj, aguardando que vuelva sin novedad. Peor es si salen a alguna fiesta, concierto de rock o reunión de amigos los fines de semana, pues sus padres se la pasan en vela por temor a que les ocurra algo malo, una pelea, un asalto o un secuestro.
Pese a los peligros que hay en la calle, especialmente de noche, los jóvenes de hoy tienen poca capacidad para medirlos y tomar precauciones. Son muy arriesgados y esa conducta puede llevarlos a ser víctimas de accidentes de tránsito, asaltos, violaciones sexuales y hasta asesinatos.
Gary tiene razón, ya no se puede confiar en nadie. Me voy, cuídense.
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