Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un adobo de chancho con bolitas de yuca, arroz y salsa criolla. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada.
“María, impactante el caso de Diego Gutiérrez, ‘Choco’, y su pareja Aruni Barraza (20), ‘La Mami’, quienes se daban la gran vida a costa de las menores de edad que explotaban sexualmente en locales que tenían la fachada de spa, en Lima Norte.
Él lucía relojes caros y autos deportivos, mientras que ella viajaba por el mundo y acudía a conciertos en el extranjero. El modus operandi era este: iban a academias, colegios y discotecas y les ofrecían ganar dinero como recepcionistas o anfitrionas.
Luego les ponían diminutas prendas y las obligaban primero a dar masajes a hombres y luego las prostituían. La mujer era quien daba las instrucciones. Para tenerlas tranquilas, las amenazaban con difundir videos íntimos de ellas.
Felizmente ‘Choco’ y ‘La Mami’ fueron capturados y el Poder Judicial les dictó 18 meses de prisión preventiva por el presunto delito de explotación sexual de niñas, niños y adolescentes.
Los padres tenemos la obligación de proteger a nuestros hijos, más aún a las mujercitas. Eso de dejar que menores de edad vayan a discotecas hasta altas horas de la noche no está bien. Si quieren bailar, que sea en la casa de una amiga o de familia conocida.
Lamentablemente, muchos de estos locales de baile están infestados de depredadores sexuales, de explotadores y gente peligrosa. No es un lugar para que vayan niñas. La misma mafia captaba víctimas por redes sociales.
Las convencían ofreciéndoles grandes cantidades de dinero por un trabajo ‘fácil’. Como está la vida, es necesario que tengamos un control parental de los dispositivos que usan nuestros hijos.
Ojo a esto: El 99 % de los casos de trata de personas con fines de explotación sexual atendidos en los Centros Emergencia Mujer y Familia corresponden a mujeres, y el 73 % de ellas son menores de edad, informó el Ministerio de la Mujer.
O sea, es una población vulnerable que debemos proteger, en especial los padres”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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