
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un estofadito de pollo con papa amarilla, arrocito blanco y ají molido. Para la sed, pidió una jarrita con agua de cebada. “María, ayer estuve viendo al Doctor Trome, Alberto Tejada, por las redes sociales del diario. Es que tocó la hipertensión, que me parece que es un mal que mucha gente padece y no le dan la debida importancia. La población se cuida del cáncer, los aneurismas, cirrosis y la próstata, pero se olvida de las enfermedades silenciosas, esas que nos consumen el organismo sin que nos demos cuenta. Como el sobrepeso y la diabetes, entre otras. Muchas tienen que ver con un estilo perjudicial de vida. Se come demasiada grasa procesada, no se hace deporte y tampoco se duerme bien. Debemos reducir el consumo de harinas, azúcar y alimentos procesados. Hay que preferir las verduras, las frutas y mucha agua.
Además, cada cierto tiempo hay que hacerse un chequeo completo. Simples pruebas como examen de sangre, ecografías o resonancias. Las enfermedades silenciosas o asintomáticas no muestran signos en sus etapas iniciales, lo que dificulta su detección temprana y, por ende, su tratamiento efectivo.
Además de los males descritos, hay que añadir la enfermedad coronaria, hígado graso, osteoporosis y hepatitis. No hay que descuidar nuestra salud. En especial los que tenemos familia. Nuestros hijos dependen de nosotros para comer, estudiar, vestirse y estar sanos. Algunos consejos:
- Cuida tu alimentación. Ingiere frutas, vegetales y granos integrales. Elimina los enlatados.
- Desayuna todos los días. Aporta a nuestro organismo la energía que necesita para estar activo.
- Reduce el consumo de sal y azúcar: incrementan el riesgo de males cardiovasculares y metabólicos.
- Mantén tu organismo hidratado. Bebe dos litros de agua al día. Ayuda a eliminar toxinas, en la digestión y evita el estreñimiento”.
Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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