Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un estofado de pollo con su respectivo arrocito graneado, ensalada de verduras y, para tomar, una jarrita de chicha morada. “María, qué orgullosa debe estar la madre del joven Jairo Áxel Paredes Quispe, de 20 años, quien se gana la vida como ayudante de cocina y logró el primer lugar en la carrera de Ingeniería de Sistemas en el último examen de admisión de la Universidad Nacional Federico Villarreal.
Su logro es mayor porque, por problemas económicos, no pudo prepararse en una academia y aún así se enfrentó otros 11 mil 196 postulantes más. Según dijo, estudió en su casa, con internet, YouTube y clases en vivo. “Mis padres y mi enamorada, Michelle, que estudia Arquitectura, me alentaban”, señaló Jairo. Como quisiera que todos los muchachos del Perú sean como él. Es que hay miles de jóvenes que en lugar de estudiar se dedican a la droga, a robar o estafar a la gente.
Incluso, muchachos de su edad, ‘trabajan’ como sicarios en moto, como es el caso de los asesinos a sueldo José Henry Preciado Alegría (18), ‘Josecito’, y Fabricio Michel Vera Díaz, ‘Bicho’, que asesinaron a la familia de ‘La Tota’ hace unos meses. El ingreso de Jairo debe servir, además, como ejemplo de que los chicos pobres también pueden sobresalir en la vida en base a estudio, ingenio y mucho esfuerzo.
Esos que se quejan de que no pueden estudiar porque carecen de plata deben mirarse en ese espejo. El avance de la tecnología, con internet a la cabeza, ha democratizado y masificado el conocimiento. El saber no solo está en la biblioteca o los libros físicos, sino en la red, en la nube. La web no solo es para ver porno, chatear o jugar en línea. Como en el caso de Jairo, también sirve para culturizarse y estudiar.
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