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Keiko tibia con la delincuencia

La mandataria no puede actuar con tanta paciencia, con lentitud, cuando los extorsionadores asesinan todos los días a peruanos de bien que lo único que hacen es trabajar.
Keiko Fujimori afirmó que el Gobierno continuará las acciones contra las organizaciones criminales y destacó las intervenciones realizadas en cuatro penales. Foto: Presidencia.

Este Búho ve con gran preocupación la violenta arremetida de las organizaciones criminales, que ahora balean a más buses, choferes y pasajeros. Esta situación se ha agravado, pues las alimañas se ríen de los estados de emergencia y de la misma Policía que nunca llega a tiempo.

Solo se aparecen cuando el crimen ya fue perpetrado. No hay inteligencia para adelantarse a los hechos. Hasta los buses interprovinciales están siendo atacados por los extorsionadores que actúan con total impunidad. No les importa si son grabados. Con el anterior comandante general de la Policía, Óscar Arriola, había más vigilancia en las carreteras, pero con el actual comando eso se ha relajado.

Algunas de mis fuentes me cuentan que se debe a que los nuevos jefes son oficiales de escritorio, que priorizaron la obtención de títulos profesionales para ascender, pero que no son agentes operativos, que son los que han hecho su carrera en las calles, enfrentando a los delincuentes cara a cara, sangrando y exponiendo la vida.

La presidenta Keiko Fujimori debe hacer cambios porque ya va a cumplir cien días en Palacio y no se notan mejoras en la seguridad ciudadana. Keiko sigue siendo tibia en la lucha contra los criminales, se le ve dubitativa, cuando la gente le exige mano dura, de hierro, para combatir a esos asesinos.

La mandataria no puede actuar con tanta paciencia, con lentitud, cuando los extorsionadores asesinan todos los días a peruanos de bien que lo único que hacen es trabajar muy duro para mantener a sus familias.

Ahora que Keiko está en El Salvador, donde visitó el Centro de Confinamiento del Terrorismo, más conocido como Cecot, y luego se entrevistó con el presidente Nayib Bukele, ojalá se inspire y se decida a actuar sin miedo y sin dudar. También que construya prisiones seguras de verdad, que no sean una coladera como las que tenemos acá. Para eso también debe reorganizar el INPE o dar la administración de las cárceles a otra institución o a los privados.

Derrotar a la delincuencia y, obviamente, enfrentar los efectos del fenómeno El Niño, debe ser la máxima prioridad de la jefa de Estado. Que tenga en cuenta que Bukele tiene una aprobación de sus compatriotas de hasta el 94 por ciento. Y lo logró porque enfrentó sin temores y derrotó a sanguinarias pandillas como la Mara Salvatrucha o Barrio 18, que tenían tomado a su país.

De 103 homicidios por cien mil habitantes en el 2015, pasó a 10 por cien mil habitantes en el 2022. Los salvadoreños lo quieren porque les dio paz y seguridad.

Está claro que en el Perú el tema es más complicado por factores geográficos, la extensión de nuestro país o a llegada de los más sanguinarios asesinos extranjeros, sobre todo venezolanos. Pero con decisión puede comenzar a revertir los resultados de la guerra contra el hampa que estamos perdiendo.

Al comienzo de su mandato, Bukele internó a unos dos mil pandilleros en el inmenso penal, con capacidad para cuarenta mil criminales. Cuando hizo esos traslados anunció: ‘Antes en las cárceles tenían celulares, televisión, drogas e ingresaban mujeres. Ahora no tendrán nada de eso, van a venir a pagar sus crímenes, no a disfrutar’.

Recuerdo que esa vez, el entonces presidente colombiano Gustavo Petro, sin que venga a cuento, se condolió por el dolor de esos angelitos, que degüellan, descuartizan, queman vivas y violan a sus víctimas: ‘Eso parece un campo de concentración, lleno de miles y miles de jóvenes encarcelados’. ¡Increíble cómo pudo ponerse del lado de esos monstruos!

En el Perú las cárceles ya no pueden seguir siendo como hoteles. Los criminales más peligrosos deben ser aislados y tener solo media hora de patio al día. También se les debe reducir al máximo sus contactos con el exterior. Que sus conversaciones con familiares y abogados sean grabadas y que en todo momento los separen gruesos vidrios para que no les entreguen nada.

De lo contrario, seguirán dirigiendo desde sus celdas a sus bandas para que continúen extorsionando y matando. Se deben mejorar los mecanismos de control en el Ministerio Público y el Poder Judicial para que los fiscales y jueces no sigan liberando a peligrosos homicidas. Se debe reorganizar a la Policía y a sus escuelas de formación, expulsando a las ‘manzanas podridas’, y dotar de mayor logística a nuestros agentes.

Además, hay que reforzar el control de las fronteras, sobre todo en el norte y el sur, para impedir que sigan entrando delincuentes extranjeros. Reitero: Ojalá que Keiko de una vez dé un golpe de timón en la guerra contra la delincuencia. Apago el televisor.

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