
Este Búho se sorprende de que ciertos opinólogos y personajes de la ‘reserva moral’ de este país comenten que la reelección de Lula da Silva en Brasil es una ‘bocanada de aire fresco’ para esta parte del continente. Nada más falso.
Tremendo corrupto y defensor de dictaduras crueles como la de Nicolás Maduro en Venezuela. No se debe olvidar que Lula fue condenado en 2017 por el juez Sergio Moro a más de nueve años de prisión por corrupción pasiva y lavado de activos dentro de la Operación Lava Jato, vinculada a sobornos de constructoras como Odebrecht y OAS.
En 2021 la Corte Suprema anuló sus condenas porque el tribunal de Curitiba no tenía competencia, pero no porque fuera inocente. Lo cierto es que estamos hablando del escándalo de corrupción más grande de la historia mundial: el caso Lava Jato. Aquí, la constructora brasileña Odebrecht involucró en millonarios sobornos a las más altas autoridades políticas (incluidos presidentes de la República, ministros, congresistas, gobernadores, alcaldes) y funcionarios públicos de doce países, diez de América Latina y dos africanos.
En el Perú, para nuestra vergüenza, no hubo solo un presidente involucrado, sino varios. Hay uno preso: Alejandro Toledo. Otro que estuvo encarcelado: Ollanta Humala. Uno que se suicidó: Alan García. Y eso que no hablamos de Susana Villarán, quien es tratada con guantes de seda, y ha admitido que recibió millones para la campaña del NO.
EL MECANISMO
Este escándalo político de proporciones siderales era ideal para la producción de una serie de televisión de Netflix. Sobre todo por la forma como se descubrió, con una tenaz pareja de policías, el malo, un astuto lavador de dinero y una gasolinera con ‘car wash’ (‘Lava Jato’, en portugués) de Curitiba como pantalla.

Con esos insumos, Netflix lanzó la serie ‘El mecanismo’, thriller bajo la dirección del notable director de cine José Padilha, responsable de filmes tan sólidos como ‘Tropa de élite’ y la superlativa serie ‘Narcos’ para la plataforma de streaming.
Esta historia, que se inició en el 2014, escandalizó a todo Brasil, pero luego cuando Marcelo Odebrecht vio que Estados Unidos planeaba pedir su extradición por lavado de dinero sucio, el capo de la constructora cantó más alto que Pavarotti y reconoció que pagaron millones de dólares en coimas a las más altas autoridades en varios países del orbe. Él se salvó, pero arrastró a una pléyade internacional de funcionarios corruptos que se disponían a gastar los millones de los sobornos, como el ‘Cholo’ Toledo, quien vía su octogenaria suegra había comprado una residencia en Monterrico y dos oficinas de lujo en Camacho por varios millones de dólares.
En el inicio de la serie de Netflix, los dos agentes de la Policía se proponen acabar con un astuto y cazurro ‘empresario’ Roberto Ibrahim (Alberto Youssef, en la vida real), que es en realidad un lavador de dinero sucio de los narcos. Opera a través de un grifo donde también lavan vehículos. Tanto dinero, tantos millones no pueden provenir de la plata de narcos de poca monta.
Pero su descubrimiento más increíble es que Ibrahim se codea con ministros, los más altos funcionarios de la empresa petrolera Petrobras. Al inicio de la serie se ve una escena alucinante. Ibrahim está en el local de campaña del ‘Partido de los Operarios’ (Partido de los Trabajadores) y le pregunta a una mujer: ‘¿Con 500 mil reales será suficiente para esta semana?’. La dama le responde: ‘No, son 600 mil, mi amor. Y son para ahora’. O sea, era también el financista.
‘Los personajes, situaciones y otros elementos fueron adaptados para su efecto dramático’, nos advierten. Pero todos podemos darnos cuenta de quién es quién en la serie: ‘Samuel Themes’ es el expresidente Michel Temer. La empresa Petrobras, clave en este entramado de corrupción, es ‘Petrobrasil’. ‘Constructora OSA’ es la cutrera OAS. La poderosa ‘Miller&Brecht’ no es otra que la siniestra Odebrecht y ‘Ricardo Brecht’ no es otro que Marcelo Odebrecht. Apago el televisor.








