Este Búho se sacude de los pantanosos temas políticos. Han sido semanas de zozobra, angustia y mucha incertidumbre. En este diario hemos cubierto los pormenores de una elección presidencial polémica por donde se le mire. Pero la elección ya pasó, ya concluyó. Por eso, me tomo un descanso y junto a mis cachorros me sumerjo en la lectura de libros.
Crear hábitos saludables con los hombrecitos de casa, pienso, es el principio para la formación de ciudadanos de bien. Aún conservo en la memoria esos viajes con mi viejito o esas pichanguitas en el patio trasero de la casa. Aunque no tuvimos mucho, siempre nos sobró felicidad.
Por eso, creo firmemente que los pequeños momentos pueden ser los más significativos para el desarrollo de un niño y trato de ser empeñoso con ello porque, estoy seguro, serán esas imágenes las que recordarán de adultos, cuando yo ya no esté.
Desde hace algunos meses, todas las noches que pasamos juntos, mis pequeños hijos y yo nos echamos a la cama con un libro. El mismo libro siempre. Es una actividad impostergable. Casi un hábito que hemos creado sin darnos cuenta. Ellos acostados sobre mi regazo, y yo envolviendo mi brazo alrededor de sus pequeños cuerpos, nos zambullimos en una historia que ya hemos leído indefinidas veces, pero que nos sigue cautivando página por página como si lo abriéramos por primera vez, se trata de ‘El Principito’, del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry.
Por las noches, al refugio de una luz tenue de una lámpara de mesa, de pronto nos invaden un aviador, una rosa, los inmensos baobabs, un zorro, una serpiente, un hombre de negocios, un vanidoso, un rey y, entre todos ellos, El Principito.
Es una historia llena de fantasía y lecciones de amor y amistad. Sobre el descubrimiento y el asombro. Está cargada de frases hermosas con mensajes que llegan al alma y que aquí les comparto:
‘El Principito’ es un clásico de la literatura infantil. Fue publicado en 1943, pero aún hoy se sigue leyendo con fervor. Además del deporte, los viajes, la música y el cine, inculcarles el amor por la lectura a los más pequeños es un regalo que agradecerán toda la vida. Apago el televisor.
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