Este Búho cree que con el triunfo de se debe cerrar un capítulo nefasto de nuestra política y se espera que el Perú dé un salto de nivel después de un lustro lleno de inestabilidad, corrupción y lumpen de la política, que empezó con el gobierno de Pedro Castillo. Este columnista no es necio y entiende que en el país hay mucha gente que se identifica con el profesor por diversas razones, muchas identitarias, pero no se puede torcer la realidad.

Keiko está obligada a hacer un buen gobierno y la obligación de la prensa libre es fiscalizar y denunciar. La campaña ya terminó y debemos aprender de los errores. No hay que olvidar que fue el propio Castillo quien detonó la crisis cuando pateó el tablero democrático, quebró la Constitución e intentó cerrar el Congreso. Pero no fue un exabrupto, fue una decisión fríamente calculada con el delirante Aníbal Torres y su expremier, la resentida social Betssy Chávez, ahora escondida en la embajada de México.

Pero muchos meses antes, ya cavilaba esa posibilidad mientras atizaba un conflicto de poderes que desviara la atención sobre las graves acusaciones de corrupción que pesaban en su contra. Todo comenzó cuando el ‘empresario’ y lobista prontuariado Zamir Villaverde confesó que logró ingresar al círculo íntimo del mandatario entregándoles modernas camionetas, dinero en efectivo y ropa fina a sus sobrinos, otorgándoles pasajes aéreos para toda la parentela de Pedro y su esposa.

Con esas ‘migajas’ se ganó a un presidente y a una familia de angurrientos. Y de allí dio un paso trascendental para sus oscuros intereses y pasó a entregarle sumas como treinta mil soles para Juan Silva o cien mil más para Castillo.

Fue así que el presidente haría dupla con Bruno Pacheco por los cobros en los ascensos militares y policiales, una mafia tan desalmada que Pacheco se quejó que lo ‘habían cerrado’. El mismo Bruno dijo que le entregó al chotano un sobre con miles de soles para que nombrara al corrupto Hugo Chávez como presidente de Petroperú. Allí nomás se desató el escándalo de la licitación de 80 millones de dólares de biodiésel que se ‘cocinara’ en la oficina presidencial con participación del empresario Samir Abudayeh, Karelim López y Hugo Chávez.

La ola de corrupción que salpicaba a Castillo quedó evidenciada cuando el mandatario propició la fuga de su secretario general de Palacio. Luego Beder Camacho, miembro del ‘gabinete en la sombra’, confesaría, como colaborador eficaz, que Castillo le ordenó esconder al prófugo Pacheco, entregarle dinero y buscarle asilo en Venezuela o México, también para los requeridos por la justicia, el exministro de Transportes Juan Silva y su sobrino Fray Castillo, operador de negociados en ese ministerio.

La lista de corruptos no solo se extendió a sus sobrinos, sino a su esposa Lilia y su cuñada-hija Yennifer Paredes, que hicieron pingües negocios viales con el detenido alcalde de Anguía, gracias a un decreto supremo promulgado por Castillo.

Hoy su esposa evade a la justicia al asilarse en México y Yennifer ha sido elegida congresista. Este columnista recordó la cita del maestro Manuel González Prada. Y es que ‘donde se ponía el dedo saltaba la pus’ de ese régimen corrupto. El Gobierno parecía un cuerpo infectado, supuroso, gangrenado en su totalidad y al borde de la putrefacción.

Castillo se sentía como una fiera acorralada y cuando el detenido Salatiel Marrufo, exjefe de asesores del Ministerio de Vivienda, confesó ante el Congreso que cobraba millonarias coimas a una empresaria y que le pagaba 50 mil soles mensuales a Castillo y a sus hermanos con tal que mantuviera al corrupto ministro de Vivienda, Geiner Alvarado, Pedro ejecutó su delirante golpe, que no fue apoyado por nadie, pues hasta sus ministros fueron los primeros en renunciar.

Estas son solo algunas ‘perlas’. ¿Por qué ahora se pretende victimizar a un golpista que denigró la investidura presidencial convirtiendo su gobierno en un pozo séptico de corrupción? Castillo no merece ser indultado. Mucho cuidado, señor José Balcázar. Apago el televisor.

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