Este Búho abre bien los ojos para analizar la coyuntura politica. El Perú está partido, como se confirmó en las elecciones, pero Roberto Sánchez sigue buscando la confrontación a través de leguleyadas para no reconocer los resultados.
No digo que no tenga derecho a reclamar. Él y sus seguidores lo tienen. Pero debe ser de forma responsable y no como está haciendo, sin ofrecer ninguna prueba. Quienes lo defienden insisten en que tiene derecho a protestar, así como Rafael López Aliaga hizo en primera vuelta. Pero son dos situaciones muy distintas.
Todos vimos el desmadre del 12 de abril en Lima provocado por Piero Corvetto, que impidió votar a varios miles de ciudadanos. Eso perjudicó directamente a ‘Porky’, quien, además, reclamó con sustentos por las actas 900 mil. Es decir, presentó pruebas razonables. Que estas luego vayan a ser aceptadas o rechazadas por la justicia, es otro cantar. Pero repito, presentó evidencias.
Muy distinto a lo que ahora está pasando con Sánchez y la gente de Juntos por el Perú, que no muestran ninguna prueba y solo se basan en dichos sueltos, sospechas sin ningún asidero. Eso no es serio y lleva a pensar que el objetivo real de esos reclamos es azuzar a un sector de la población para que salga a las calles en protestas que amenazan ser violentas.
La intención final sería deslegitimar el proceso electoral y al próximo gobierno de Keiko Fujimori, si finalmente se confirma su victoria. Eso es peligroso para el país, sabiendo además el rechazo que la lideresa de Fuerza Popular tiene en un amplio sector de la población.
En primera vuelta obtuvo un 17 por ciento de los sufragios, poco más de dos millones de votos, lo que sería más o menos su verdadero caudal electoral. Si en el balotaje, cuyo conteo aún no concluye, casi al 100 por ciento tiene más de 9 millones 162 mil votos, es porque mucha gente le dio su apoyo solo para evitar que Sánchez llegue al poder con todo el peligro que representa para el país.
En ese contexto, lo que están haciendo Sánchez, Juntos por el Perú y sus adláteres es maquiavélico, pues están minando al gobierno de Fuerza Popular antes de que se termine de contabilizar los votos. Al hacer eso perjudican a todos los peruanos, especialmente a los más humildes, pues el programa económico del partido naranja es serio, busca atraer inversiones y crear más fuentes de trabajo para ir reduciendo la pobreza.
No promete caos ni planteamientos trasnochados del siglo pasado que fracasaron allí donde fueron puestos en práctica, como las estatizaciones y el control de precios.
En su conferencia de prensa de ayer, Sánchez ha señalado que se sumará a las marchas que se están convocando, como si él no tuviera que ver con ellas, como si no estuviera contribuyendo a azuzar a la gente con sus dichos, como en Cusco, donde afirmó que en segunda vuelta ‘han ocurrido cosas extrañas’, sin precisar cuáles son. Hay un sector de peruanos que de manera honesta siente que están torciendo la voluntad popular y están indignados.
Pero esa confusión se puede comprender en ciudadanos de a pie, jamás en políticos curtidos, avezados, que saben muy bien que perdieron de manera legal, pero que se niegan a aceptar su derrota, la misma que buscan utilizar para victimizarse. Sánchez también ha dicho que estarán vigilantes para no permitir que infiltrados perpetren actos de violencia durante sus manifestaciones. Es decir, se está lavando las manos señalando que si hay actos delictivos no será su culpa, sino de otros.
Hace como si desconociera que su plataforma está compuesta por gente proveniente de Sendero Luminoso, a quienes él ha llevado a las cámaras de diputados y senadores. Sendero, para los jóvenes que no lo saben o no recuerdan, provocó decenas de miles de asesinatos de las maneras más horrendas y perpetró multimillonarios atentados a la propiedad pública y privada.
Como si fuera poco, el socio de Sánchez en esta campaña, Antauro Humala, cabecilla del ‘Andahuaylazo’ donde cuatro policías fueron asesinados, está hablando de que en el Perú habrá matanza si Keiko, si es proclamada presidenta, no abre el diálogo para una Asamblea Constituyente. Sus palabras hacen recordar a ‘los ríos de sangre’ con que amenazaba Aníbal Torres durante el gobierno de Pedro Castillo.
Sánchez y sus acompañantes deben tener mucho cuidado con lo que están haciendo, pues serán responsables de las desgracias que pudieran ser perpetradas por radicales violentistas que buscan muertos para utilizarlos de manera política. Apago el televisor.
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