Este Búho es futbolero desde niño y siente pena de no ver a nuestra selección en este Mundial. Pero hay que ser realistas, no tenemos jugadores de nivel para competir con equipos que han crecido mucho de nivel y son muy potentes y veloces, como los africanos y asiáticos. Tenemos que trabajar mucho y lamentablemente en la Federación hay un impresentable como Agustín Lozano.
Recuerdo claramente que me emocioné mucho con aquel gol de la ‘Foquita’ Farfán que abrió el camino ante Nueva Zelanda para volver después de treinta y seis años a Rusia 2018. Con el gol de la ‘Sombra’ Ramos, para sentenciar el partido, me quedé mudo. Estaba en la tribuna de occidente. Los hombres y los niños, las mujeres, los señores de la tercera edad. Todos lloraban, luego salí raudo para escribir en una cabina donde la señora me conocía.
“Señor Búho, la máquina más rápida es suya, gratis, porque clasificamos al Mundial”, me dijo. Cuando el árbitro franchute Clément Turpin dio el pitazo final señalando el centro del campo, miré al cielo y, se los juro, me sentí morir. Y así como se dice de aquellos que se van de este mundo y, por milagros del destino, regresan a la vida, yo también vi la mía en retroceso, con especial énfasis en todos mis episodios pasados relacionados con el fútbol.
Ese equipazo de México 70, que jugó de igual a igual a Brasil, que finalmente fue campeón. Después el eufórico presidente de facto Francisco Morales Bermúdez, ebrio de whisky y emoción, poniéndose la camiseta sudada del capitán Julio Meléndez encima de su guayabera. Año 1977, cuando Perú clasificó al Mundial de Argentina 78. Aquella tarde cuando la selección de Tim sacó del camino a Uruguay y ganó un lugar en el Mundial de España 82.
Nunca imaginé que pasarían tantos años para ver otra vez a mi Perú clasificar a una justa mundialista. Pero nunca perdí la fe. Crecí con muchos que me decían que ‘nunca vamos a clasificar a un Mundial’, como si se tratara de una terrible maldición. Será por eso que siempre busqué conversar con futbolistas que llegaron a este momento cumbre.
Pasé inolvidables tardes y tuve aleccionadoras charlas con Roberto Chale, Julio César Uribe, José Velásquez; con el ‘Cholo’ Hugo Sotil y Lucho La Fuente en Villa María del Triunfo, donde chambeaban con juveniles. Hasta me fui a la casa de Luis Rubiños, arquero en México 1970. Estaba obsesionado con la selección y los mundiales. Y los años pasaban y se elegían presidentes, entrenadores, alcaldes; estallaban escándalos, se imponían modas e ídolos musicales, desde Menudo hasta Lady Gaga, y programas televisivos, desde la novela ‘Carmín’ hasta la serie ‘Al fondo hay sitio’.
Todo transcurría, todo cambiaba, pero el único hecho que permanecía invariable era que seguíamos sin ir a una Copa del Mundo. Tengo que agradecer, a nombre de esos millones de niños y jóvenes que nunca vieron a Perú en el Mundial, a Ricardo Gareca, que pasará a la historia por la gratitud del pueblo peruano, junto con los entrañables Waldir Pereira, Didí; Marcos Calderón y Elba de Pádua Lima, Tim. Llegar al Mundial era una espina que se nos removió del alma. El Perú volvió a sonreír y nos quitamos un terrible complejo. Ojalá pronto veamos cantar ‘Contigo Perú’ en una justa mundialista. Apago el televisor.
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