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Busquen a nuevos Teófilo Cubillas y Julio César Uribe

“El somatotipo es muy importante en la alta competencia. Son atletas. ¿Por qué no forman a niños en Chincha y trabajan con ellos con buena alimentación y vitaminas?"
Teófilo Cubillas. (Foto: FPF)

Como escribí hace unos días, este Búho es futbolero desde niño y lamenta no ver a Perú en el Mundial. Me da pena que los niños crezcan viendo a figuras como Messi y no tengan referentes de este país. En lugar de decir los chicos deberían jugar a ser Cubillas, Uribe, Chumpitaz, ‘Foquita’, Paolo. Pero soy realista y entiendo que nuestro fútbol no tiene cómo competir en estos tiempos con selecciones africanas que tienen jugadores altos y potentes, han crecido mucho en su nivel, mientras nosotros estamos peor que nunca.

El somatotipo es muy importante en la alta competencia. Son atletas. ¿Por qué no forman a niños en Chincha y trabajan con ellos con buena alimentación y vitaminas? Mi mente vuela en el tiempo y recuerdo el gran Mundial de España 82.

Veíamos las Eliminatorias en televisores a color Sony, Panasonic, Quintrix, Phillips y el coreano Starex, y hasta el viejito técnico brasileño de Perú, Elba de Padua Lima, Tim, salía en un comercial de Ajinomoto, con ‘el toque de sabor’, con jugadas de Barbadillo, Oblitas y compañía.

Con un equipazo que tenía como estrella al ‘Diamante’ Julio César Uribe, eliminamos en 1981 a Colombia y a la siempre poderosa Uruguay, a la que le ganamos en un partidazo en el mítico Centenario. Esa tarde cantamos el himno de aquella Eliminatoria, la inolvidable composición de José Escajadillo ‘¡Perú España 82!’. Luego nos iríamos a ‘gorrear’ carro para llegar a Panamericana y al óvalo de Miraflores.

Uribe había sido el diez perfecto, Teófilo Cubillas solo participó en el primer partido de la Eliminatoria, falló un penal ante Colombia, pero Tim lo convocó y ¡le dio la diez! Pese a que Perú hizo una excelente gira de preparación, en la llamada ‘Gira de tres continentes’ y hasta le ganamos a la poderosa Francia de Michel Platini en el mismísimo Parque de los Príncipes, donde no jugó el Nene y Uribe brilló, el entrenador brasileño lo colocó de titular en la Copa del Mundo. El grupo se partió por ese cambio.

Empatamos con Camerún, igualamos en un partidazo con Italia 1 a 1 —futuro campeón— y cantamos con fervor el Himno Nacional. Corría el segundo gobierno de Fernando Belaunde y ya explotaban los ‘bombazos’ de los miserables de Sendero Luminoso. Pero pese a todo, el fútbol nos daba alegrías.

Recuerdo que ese día terminamos en ‘la esquina de la televisión’ de Panamericana. Pero antes nos fuimos a la licorería del barrio, ‘La Curva’, donde vendían puros tragos preparados, a comprar sendas botellas de ‘Ronco’, una infame combinación mortífera de ron y anisado, que pasaba suave y dulcecito pero era recontratrepador.

Lamentablemente, en el último y decisivo choque terminamos goleados 5 a 1 por Polonia. Aquella vez ya nadie respetaba al técnico Tim. Uribe y Barbadillo se pararon solitos del banco de suplentes e ingresaron a jugar. El único gol peruano lo hizo Guillermo ‘El Tanque’ La Rosa. Alemania y Francia brindaron, en semifinales, el mejor partido, qué digo, partidazo, de ese Mundial y uno de los mejores de la historia de los Mundiales. Fue en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla. Francia representaba el talento y el arte de Platini, Giresse, Tigana, Rocheteau, Tresor.

Y Alemania la arrolladora potencia de Rummenigge, Fischer, Breitner y el habilidoso Littbarski. El partido tuvo de todo: seis goles, golpes, cambios en el dominio del juego, tiempo suplementario, una remontada increíble y como colofón una infartante definición por penales.

Fue una batalla épica que será recordada por siempre. Ese Mundial español dejó como estrella indiscutible al italiano Paolo Rossi, el goleador. Pero descollaron el alemán Rummenigge, los brasileños Zico, Sócrates, Falcao, el polaco Boniek, entre otros astros.

La decepción resultó el argentino Diego Maradona, astro del Barcelona, en su primer Mundial, donde no brilló como se esperaba y terminó expulsado. Este columnista no volvería a ver a una selección peruana en un Mundial hasta 2018 en Rusia. Tuvieron que pasar 36 años. Una eternidad. Y hoy no puedo dejar de sentir algo de rabia por haber quedado nuevamente eliminados. Apago el televisor.

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