Este Búho reitera que la elección del domingo pasado ya fue ‘manchada’ y el gran culpable es Piero Corvetto, quien no debe seguir en el cargo, pues no garantiza ni un mínimo de transparencia. Y eso es grave en un país polarizado.
Repito que es realmente sospechoso que hayan llegado las actas electorales a buen tiempo hasta lugares remotos de Puno o la Amazonía y en el Colegio Médico de Miraflores, una zona céntrica de Lima, se hayan abierto las votaciones a la una de la tarde. Decenas de personas, la mayoría de la tercera edad, se fueron y no sufragaron. Eso perjudicó a varios partidos.
Y eso no es una simple casualidad, una negligencia que debe ser pasada por ‘agua tibia’. Se impidió que se cumpla la voluntad popular. Y esto es grave en un país dividido, porque si alguna lectura sacamos de estos comicios es que el país está partido y hay siniestros personajes que buscan ‘incendiar la pradera’. Son lobos disfrazados de ovejas, que buscan dinamitar la democracia.
En el Perú, grandes sectores de la población, con razón o sin razón, votan con rabia, por dar la contra, y así los peores terminan siendo elegidos. Antauro Humala, cuya ignorancia en economía es tan grave, cree que los problemas del país se solucionan con la nacionalización de empresas.
Cuando estaba cómodamente instalado en su celda del penal chorrillano de Virgen de la Merced, donde cumplía su condena de 19 años por el vil asesinato de cuatro policías durante el cruento Andahuaylazo, digitaba, planificaba y ordenaba a sus hordas etnocaceristas infiltrarse en cualquier conflicto social en Lima o provincias para desestabilizar al país. Hasta llegó a reconocer sin rubor que sus huestes eran las que ponían la pólvora y la ‘fuerza’ en los desmanes durante las protestas de hace unos años contra el proyecto minero Tía María, en Arequipa.
El Andahuaylazo es una página negra en la historia del Perú. Inició la madrugada de aquel helado 1 de enero del 2005, con el ataque armado a la comisaría de Andahuaylas. Unos 170 etnocaceristas, comandados por el mayor Antauro Humala, tomaron Andahuaylas y se enfrentaron a la Policía. Pretendía derrocar al presidente Alejandro Toledo. Los alucinados subversivos mataron a cuatro suboficiales, cuyas familias hasta ahora claman justicia.
Tiempo atrás, este columnista cubrió las dos campañas electorales de Ollanta Humala y me di cuenta de que el patriarca don Isaac fue el verdadero creador de la ‘ensalada cerebral’ que tiene Antauro en la cabeza.
El viejo abogado fue militante comunista e ‘instructor’ de los cachimbos sanmarquinos Mario Vargas Llosa y el sociólogo Héctor Béjar. Hizo ingresar a sus hijos Ollanta y Antauro a la Escuela Militar de Chorrillos, para que concluyan la labor que no pudo hacer Juan Velasco Alvarado. Pero al fundar el Partido Nacionalista le impregnó un tinte racista al reivindicar como ‘la clase dirigente’ a la raza cobriza.
Su preferido era Antauro por ser ‘más consecuente’. “Ollanta es un pisado que se deja mandar por su mujer, que está borrachita de poder”, expresó alguna vez sin pelos en la lengua. El fanatismo de Antauro se elevó a decibeles incalculables cuando Ollanta y Nadine fueron vinculados con los millonarios sobornos de Odebrecht. Desde la prisión y fumandose un ‘troncho’ de marihuana le escribió una carta: “Hermano, suicídate. Es lo mejor que te tocaría hacer en caso de que tengas una pizca de dignidad”. Por ese ‘político’ votan algunos peruanos. Estamos fallando como país. Apago el televisor.
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