Muchas madres solteras, además de sostener el hogar, enfrentan la preocupación y la impotencia de que los padres no tengan la voluntad de visitar a sus hijos. Esta ausencia no solo genera enojo en ellas, sino también afecta el bienestar emocional de los menores.
La psiquiatra Giovany Rivera Ramírez, miembro del Centro de Investigación y Desarrollo en Salud Mental de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, explica que el impacto depende de la edad y del nivel de conciencia del niño.
Entre las señales más comunes se encuentran la irritabilidad, el llanto y el aislamiento de sus compañeros, especialmente en actividades que involucren a la familia.
Rivera Ramírez enfatiza que los reclamos sobre las visitas no deben hacerse delante del menor y advierte que si las insistencias no surten efecto, no se puede obligar a un padre a establecer un vínculo emocional con su hijo.
En su lugar, recomienda reforzar la autoestima y la seguridad del niño, celebrando sus logros, elogiando sus avances y enseñándole a gestionar sus emociones. También aconseja que el entorno evite comentarios que remarquen la ausencia paterna.
La experta sugiere que, ante separaciones o conflictos, lo más saludable es brindar acompañamiento psicológico desde el inicio. “No es necesario esperar a una señal de alerta para llevarlos a terapia”, puntualiza.
La ausencia paterna se siente (y duele) un poco menos cuando el niño crece en un entorno que le brinda amor constante, comprensión, apoyo y seguridad todos los días.
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