Cuando los hijos pasan más tiempo en casa, la dinámica familiar cambia y, con ella, la relación de pareja. Lo que antes se resolvía con rutina o acuerdos implícitos queda expuesto, y muchas parejas comienzan a discutir no porque se quieran menos, sino porque el cansancio y la sobrecarga se vuelven parte del día a día.
El psicólogo Ítalo Arrúe identifica tres de las discusiones más comunes y explica cómo enfrentarlas:
1. REPARTO DE RESPONSABILIDADES. Una de las peleas más frecuentes gira en torno a quién cuida, quién recoge, quién lleva, quién cocina o quién descansa. Cuando uno siente que asume más que el otro, surgen los problemas. La clave es repartir las tareas de forma realista y considerando las obligaciones de ambos.
2. FALTA DE ESPACIO PERSONAL Y DE PAREJA. Con los hijos siempre presentes, desaparecen los momentos de intimidad y eso genera irritabilidad y roces que muchas veces se interpretan erróneamente como desamor. Aunque sean breves, siempre se debe buscar espacio para disfrutar a solas.
3. DIFERENCIAS EN LA CRIANZA Y LOS LÍMITES. Desacuerdos sobre normas, horarios, uso de pantallas o disciplina se intensifican cuando ambos están más involucrados en el día a día. Estos acuerdos se deben hablar con calma y no en medio del conflicto.
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