
El caótico tráfico que se vive en la ciudad no es solo un problema de puntualidad o de logística, es un detonante directo de estrés crónico que afecta profundamente nuestra salud mental. Pasar horas detenidos en la vía, en medio del calor, gritos, bocinazos y hasta discusiones y peleas, altera el sistema nervioso y deteriora nuestro bienestar diario.
La psicóloga Lizeth Limas señala que pasar mucho tiempo dentro del vehículo, sea particular o de transporte público, genera mayor ansiedad, frustración y hasta la pérdida de control sobre las propias emociones, lo que podría explicar por qué tantas personas explotan ante pequeños desacuerdos.
“Lo grave es que esta irritabilidad no solo queda en el transporte, sino que se traslada al trabajo, al hogar y a otros espacios, afectando el día de los ciudadanos”, apunta la experta.
¿CÓMO MANEJARLO?
Existen herramientas a las que pueden recurrir, como concentrarse en el momento y hacer respiraciones profundas y pausadas para manejar las emociones. También ayuda escuchar música.
Cuando ya no estés en estos espacios, Limas recomienda pasar momentos agradables con la familia. Recargar energías y compartir afecto ayuda a afrontar con una mejor actitud el problema del transporte.










