
Hay parejas que presumen de no discutir nunca y lo ven como la prueba definitiva de que su relación marcha sobre ruedas. Sin embargo, evitar los conflictos no siempre es sinónimo de armonía. En algunos casos, el silencio puede esconder emociones no expresadas, miedo a incomodar al otro o problemas que, con el tiempo, terminan pasando factura.
El psicólogo Ítalo Arrúe explica que una relación sana no se define por la ausencia de peleas, sino por la manera en que ambos afrontan las diferencias. “Discutir no destruye una relación; lo que la deteriora es la incapacidad para hablar de los desacuerdos con respeto. Cuando una pareja nunca expresa lo que le incomoda, es posible que esté acumulando frustración o evitando temas importantes”, señala.
El especialista advierte que ceder siempre, callar para evitar conflictos o fingir que todo está bien puede generar distancia emocional. “El conflicto es parte natural de cualquier vínculo. Lo saludable no es evitarlo a toda costa, sino aprender a resolverlo sin agresiones, con empatía y disposición para encontrar acuerdos”, precisa.
Más que contar cuántas veces discuten, las parejas deberían preguntarse si pueden hablar de lo que sienten con libertad, sin miedo a ser juzgadas. Porque una relación no se fortalece por no pelear, sino por saber superar las diferencias juntos.










