
Existen dos tipos de padres cuando aparece una queja o llamada de atención de un hijo adolescente: los que apañan y minimizan los hechos, y los que imparten disciplina para que aprenda la lección.
Ser de este segundo grupo no es sencillo y no empieza cuando los hijos están grandes, sino que se inculca desde la infancia en situaciones cotidianas.
La psicóloga Katherine Barahona, directora de CFP Salud Mental, explica que no dejar que asuma las consecuencias de sus acciones puede hacer que el menor se vuelva rebelde, irresponsable, no empático y que, en su vida adulta, llegue a justificar sus errores.
“Para impartir disciplina no son necesarios gritos ni maltratos. Si mi niño derrama la comida, hay que acompañarlo para que limpie y así aprenda de la experiencia”, señala la experta.

Los padres no deben rescatar a sus hijos, ni inventar excusas para justificar sus acciones. Lo correcto es dejarlo que enfrente la sanción respectiva, aplicar medidas proporcionales en casa, como restringir privilegios, y ser firmes, sin cortar el tiempo del castigo.
“Es fundamental que las disculpas vengan acompañadas de hechos; sino, solo serán promesas vacías, y la reacción de los padres tampoco debe depender de la falta, sino mantenerse igual ante cualquier circunstancia”, indica Barahona.
DATITO
Las malas conductas se pueden mejorar; no todo está perdido. Además de la terapia, es recomendable prestar atención al entorno del joven y al contenido que consume en redes sociales.
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