
Es común asociar el violín con la música clásica, la elegancia y la alta sociedad, lo que a menudo le da esa imagen de sofisticación. Sin embargo, Ney Gonzalez (30) convierte cada rincón, un micro, la misma calle o la parada de un semáforo, en escenario.
En medio de una Lima bulliciosa, el talentoso venezolano deleita a los pasajeros y transeúntes con el timbre melodioso de su inseparable instrumento de cuerda.
Tenía 18 años cuando decidió estudiar violín, un poco tarde para los entendidos, quienes le dijeron que ya no podía ser violinista. Ney hizo lo contrario: observó, practicó y pagó clases a un amigo. Mientras tanto, trabajaba como albañil junto a su padre, maestro de obra.

“Con lo que ahorré, me compré un violín, pero entraron a robar a mi casa y perdimos todo. En ese entonces no había mucho trabajo en Venezuela ni escuelas de música, por lo que decidí viajar a Colombia para mantener a mi familia”, recuerda.
Llegó a ese país en 2018, pero como no tenía papeles, se puso a vender café y chocolates en las calles. Hasta que un sacerdote le prestó su guitarra. “Así empecé a ser músico callejero. Me paraba en los semáforos a hacer música”, cuenta. Pero al ver que las cosas no mejoraban, su papá, quien ya estaba en nuestro país trabajando como pescador en Ancón, lo animó a venir.
Al llegar, se puso a trabajar con él, pero duró poco y, con lo ahorrado, se compró un parlante, afinó su voz y subió a los micros a cantar baladas de antaño. Así estuvo dos años, hasta que la garganta no le dio más y con un violín prestado decidió jugársela a ganador.

“Recuerdo que era el micro ‘anconero’ y mis manos temblaban al coger el violín porque llevaba tres años sin tocar. Empecé con la canción ‘Despacito’ de Luis Fonsi y la gente no podía creer que canciones pop sonaran tan bien en un violín”, menciona.
LO FELICITAN
Y desde ese día no ha parado. Hay choferes que lo dejan subir, otros que elevan el volumen para taparlo y algunos que le piden que se baje. Una vez, los pasajeros salieron en su defensa y le gritaron al conductor que lo dejara trabajar. “Ahora ya no me afecta porque más cosas buenas me están pasando. La gente me felicita, a veces lagrimean y hasta me regalan frutas si no tienen dinero”, dice.

Y entre micros y semáforos por todo Lima puede pasarse hasta 12 horas con el violín. Toca diferentes géneros musicales, incluso reguetón y salsa. Y nadie se queda con las ganas de seguir escuchándolo, pues al terminar su presentación ofrece sus servicios musicales para eventos, como matrimonios, bautizos y aniversarios.
“Cuando murió mi abuela, recuerdo que tocaba en los micros y al bajar estallaba en llanto. Me secaba las lágrimas y volvía a trabajar. No tenía otra opción”, se quiebra. Ahora tiene una hija de dos años, a quien le ha comprado un violín chiquito para que aprenda y más adelante toquen juntos.
Puedes ubicar a Ney Gonzalez en este WhatsApp: 982 813 935.
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