Avanza sin dar señales claras, pero sus efectos pueden ser devastadores. La hipertensión arterial es una condición crónica que eleva la presión de la sangre en las arterias, obligando al corazón a trabajar más de lo normal y dañando progresivamente órganos vitales.
Entre sus principales factores de riesgo se encuentran el sedentarismo, la obesidad, el estrés, el colesterol alto y la predisposición genética.
“La hipertensión arterial no es de un día para otro, es el resultado de hábitos que se mantienen en el tiempo”, explica la cardióloga Dayana Cerpa.
Si bien siempre fue asociada a adultos mayores, cada vez hay más jóvenes con esta enfermedad debido al aumento de la obesidad, el tabaquismo y el estrés crónico.
El mayor peligro es su carácter silencioso, ya que en la mayoría de casos no presenta síntomas hasta que aparecen complicaciones, muchas veces cuando el daño ya es irreversible.
“Sin control adecuado, puede desencadenar infartos, accidentes cerebrovasculares, daño renal e incluso problemas visuales. Por ello es fundamental realizar chequeos periódicos y, en caso de ya tener la enfermedad, acompañar el tratamiento con cambios drásticos en el estilo de vida”, recomienda la experta.
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