
Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Paz. Esta fecha nos invita a observar la manera en que resolvemos los conflictos en nuestros vínculos.
La paz familiar no significa ausencia de desacuerdos. Podemos amarnos y pensar diferente, frustrarnos o enfadarnos. El problema aparece cuando el conflicto se transforma en humillación, amenaza, descalificación, gritos, control o silencio utilizado como castigo.
En terapia trabajamos para aprender a expresar necesidades sin destruir emocionalmente a quien tenemos enfrente. Regular una emoción antes de conversar, evitar expresiones como ‘siempre’ o ‘nunca’ y aprender a reparar después de una discusión son habilidades que protegen la relación.
No se trata de ganar, sino de comprender qué pasa con la relación en la discusión. La paz se construye en lo cotidiano.
Un hogar seguro no es donde nadie discute, sino donde las diferencias pueden expresarse sin poner en riesgo a quienes lo integran.
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