La fatiga del cuidador es un estado de profundo agotamiento físico, mental y emocional que surge al cuidar de forma continua a una persona dependiente. Foto: composición/Istock
La fatiga del cuidador es un estado de profundo agotamiento físico, mental y emocional que surge al cuidar de forma continua a una persona dependiente. Foto: composición/Istock

Cuidar a alguien que amamos puede ser una experiencia significativa, pero también una fuente importante de agotamiento emocional.

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En la práctica clínica vemos hijos que acompañan a padres mayores, parejas que sostienen procesos de enfermedad y familiares que reorganizan su vida para atender a otro.

Con frecuencia aparece una creencia dolorosa: ‘Si lo amo, no debería cansarme’. Sin embargo, amor y cansancio pueden coexistir.

La sobrecarga del cuidador puede manifestarse mediante irritabilidad, culpa, aislamiento, tristeza, ansiedad o sensación de haber perdido la propia vida. Reconocer estos signos no hace a nadie una mala persona; indica que sus recursos emocionales también necesitan atención.

Cuidar requiere límites, descanso, distribución de responsabilidades, espacios personales y acompañamiento psicológico. Pedir ayuda no es abandonar. Al contrario, permite sostener el vínculo sin convertir el amor en sacrificio permanente.

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