Si reconoces las señales de alarma en un ser querido, pide ayuda lo antes posible. Foto: composición/Istock
Si reconoces las señales de alarma en un ser querido, pide ayuda lo antes posible. Foto: composición/Istock

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que nos recuerda la importancia de hablar de aquello que durante años estuvo rodeado de silencio y estigma.

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Desde la psicología clínica sabemos que el sufrimiento emocional intenso no siempre es visible. Una persona puede continuar trabajando, estudiando, sonriendo o cumpliendo responsabilidades mientras atraviesa desesperanza.

Por eso debemos tomar en serio expresiones como “no puedo más”, “quisiera desaparecer” o “soy una carga”. Preguntar por ideas de suicidio no las provoca; una conversación abierta, respetuosa y sin juicios puede facilitar que la persona exprese su dolor y acceda a ayuda.

Tampoco ayudan frases como “tienes todo para ser feliz” o “otros están peor”, porque el dolor psicológico no se resuelve comparándolo. Ante señales claras de riesgo, es fundamental buscar atención profesional y apoyo inmediato.

Hablar de suicidio con responsabilidad no es dramatizar: es prevenir. Escuchar puede convertirse en el primer puente entre la desesperanza y la posibilidad de recibir tratamiento.

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