Hay cansancios que no se curan durmiendo. Puedes cerrar los ojos ocho horas y despertar con la misma pesadez, porque el cuerpo descansó, pero la mente siguió cargando preocupaciones.
A veces no estás agotado por hacer demasiado, sino por sostener demasiado: responsabilidades, silencios, expectativas y emociones que no has podido nombrar.
El cansancio emocional suele aparecer como irritabilidad, desmotivación, insomnio o esa sensación de vivir en automático. Por eso, antes de exigirte más, pregúntate qué parte de tu vida necesita atención.
Tal vez no requieras otra taza de café, sino poner un límite, pedir ayuda, soltar una culpa o recuperar un espacio que también sea tuyo.
Descansar no siempre significa detenerse; en ocasiones significa dejar de vivir de una manera que te está vaciando. Escuchar tu cansancio no es debilidad: es una forma de respeto por ti mismo. A veces, descansar sí exige tomar una decisión pendiente y devolverle a la vida un ritmo en el que también puedas encontrarte.
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