
Muchas relaciones no terminan por una gran pelea, sino por pequeñas heridas que se acumulan con el tiempo. Son gestos cotidianos que, poco a poco, erosionan la conexión entre la pareja. El problema es que suelen pasar desapercibidos... hasta que ya es demasiado tarde.
“El mayor enemigo de una relación no siempre es el conflicto, sino la indiferencia. Cuando el otro deja de sentirse visto, el vínculo empieza a romperse”, explica el psicólogo Ítalo Arrúe, quien menciona cuatro actitudes que pueden causar más daño de lo que imaginamos.
1. PROMETER Y NO CUMPLIR.
Decir ‘luego lo hacemos’ o ‘te llamo más tarde’ y no cumplir de forma reiterada genera frustración y hace que tu palabra pierda credibilidad.
2. RESTARLE IMPORTANCIA A SUS SENTIMIENTOS.
Frases como ‘estás exagerando’ o ‘no es para tanto’ invalidan sus emociones y, poco a poco, crean una distancia difícil de recuperar.
3. DEJAR DE INTERESARSE POR SU DÍA.
Cuando desaparecen las preguntas, la curiosidad y el interés por lo que vive la pareja, el vínculo comienza a enfriarse.
4. DAR POR HECHO QUE SIEMPRE ESTARÁ AHÍ.
Descuidar los detalles, el agradecimiento o las muestras de cariño transmite desinterés y desgasta la relación de manera silenciosa.










