
Independientemente del tipo de cáncer o la edad en que aparece, se ha evaluado como pronóstico del mismo ‘la soledad’ a la hora de enfrentar la enfermedad.
Y es que la falta de conexión y vínculos significativos con personas, si bien obedece a situaciones psicológicas y sociales, se ha visto que influye directamente en el sistema inmunológico, alteraciones del sueño y mayor percepción del dolor.
Debido a esto, la ansiedad y la depresión juegan un papel importante en la motivación de seguir las indicaciones médicas y las ganas de enfrentar esta neoplasia.
Por ello, las nuevas tendencias de los tratamientos contra el cáncer están orientadas a reforzar la atención integral entre oncología, psicooncología, trabajo social y apoyo familiar.
Debemos recordar que esta enfermedad, como cualquier otra, tiene un factor emocional a la hora de enfrentarla y más aún si nuestra vida está en riesgo.
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