Camila (70 años), paciente hipertensa y diabética, acudía regularmente al cardiólogo y al endocrinólogo. Sus riñones comenzaron a tener problemas y fue al nefrólogo.
Cuando la vi por primera vez, tomaba doce medicinas: para la presión, para orinar, para la glucosa, para el dolor y para dormir. Sin contar las vitaminas que le compraba su hija de Estados Unidos.
Camila tenía polifarmacia. La polifarmacia es la administración simultánea de cinco a siete fármacos en un día. Muchas veces los fármacos se interponen o interactúan entre ellos, causando las llamadas interacciones medicamentosas o efectos adversos, como la falta de sueño o mareos.
Se recomienda que sea un solo médico el que ordene los medicamentos. Tener un médico de cabecera no significa que el paciente no acuda a su cardiólogo o a su especialista. Tiene que ir, pero luego informar la lista de remedios que toma.
Camila, de doce medicamentos, bajó a siete; ya no tiene tanto decaimiento y sueño.
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