Su nombre no aparece en los libros ni hay un reconocimiento a su trayectoria, pero ya hizo historia. Se trata de Antonio Pareja (85), un peruano más que llegó muy joven a la capital soñando con grandezas, pero que pronto se dio cuenta de que el camino no sería fácil. Hoy es un destacado escultor autodidacta que transforma cosas sencillas en arte.
Señor Antonio, ¿cuándo cambia su vida?
Hay varios momentos: el primero fue mi camino de siete días a Ica desde Ayacucho, mi tierra natal. El segundo, cuando empecé a trabajar en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) como personal de limpieza. Tenía 35 años y, sin buscarlo, encontré mi pasión.
¿Cuál era su pasión?
La escultura. Estuve dos años en limpieza y aprendí a trabajar la piedra viendo a los jóvenes tallando y esculpiendo. Me empezó a llamar la atención.
¿Cuál fue su primera obra?
En medio de esa curiosidad, durante un sueño se me presentó un toro, al cual decidí darle vida en una piedra. Me demoré casi un año en terminarlo.
¿En qué momento avanzaba su pieza?
Durante mi receso laboral en la universidad. Tenía libre como dos horas, tiempo que aprovechaba para darle forma a la piedra con los conocimientos que había adquirido viendo y escuchando a los estudiantes.
¿Qué siguió después?
Empecé a trabajar en troncos, madera y fierro. Para eso tuve que integrar la física, que también aprendí escuchando las clases de la universidad.
¿Cuándo decide trasladar su pasión a casa?
En la universidad tenía un cuartito donde me cambiaba y ahí acondicioné un pequeño taller, pero cinco años antes de jubilarme decidí hacer uno más grande en mi casa para realizar una mayor cantidad de piezas y venderlas, a fin de tener un ingreso extra.
¿De qué creación se siente más orgulloso?
No puedo elegir una, todas me gustan y tienen algo de mí. En todos estos años he experimentado haciendo animales; tengo como un zoológico en mi casa. Este arte también se lo he compartido a mi hijo Martín.
¿Cuál es su obra más grande?
Una que mide casi cinco metros de ancho por tres metros de alto. La titulé ‘El arca de Noé’ y me tardé dos años en terminarla.
¿Dónde consigue las piedras que necesita para sus trabajos?
Todas las piuedras que uso las encuentro en los cerros de Lima Norte. Voy hasta allá con mis barretas y me pongo a buscar. Traigo las que más me sirven.
¿Cómo se encuentra de salud?
No usar la máscara para soldar con el tiempo afectó una de mis vistas, pero sigo trabajando porque quiero operarme.
¿Dónde pueden encontrar sus creaciones?
Los lunes y jueves vendo dentro de la PUCP hasta las 4:00 p.m., donde me han dado un espacio. Los otros días estoy en mi taller de Carabayllo. Pedidos al 975-036-887.
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