
COLUMNA FÍSICA Y MENTALMENTE SALUDABLES. La ansiedad activa el cortisol, una hormona que eleva el apetito, y reduce la serotonina, lo que empuja al cerebro a buscar carbohidratos y azúcares.
Esto genera el hambre emocional: una respuesta del cuerpo para liberar dopamina, obtener placer rápido y aliviar el malestar.
CONSECUENCIAS PRINCIPALES
- Atracones: consumo descontrolado de comida rápida.
- Culpa: círculo destructivo que aumenta el estrés.
- Digestión: pesadez, reflujo y alteraciones del sueño.
- Desconexión: pérdida de la señal de saciedad real.

RELACIÓN CON EL SOBREPESO
El cortisol crónico favorece el almacenamiento de grasa en el abdomen (grasa visceral). Los picos constantes de azúcar pueden causar resistencia a la insulina y ralentizar el metabolismo.
Esto crea un bucle: la ansiedad provoca aumento de peso y el sobrepeso genera más ansiedad. Con el tiempo, puede derivar en obesidad y diabetes.
Para romper este ciclo, es vital aprender a diferenciar el hambre física del hambre emocional.
Es una tarea difícil, pero tomar conciencia de las consecuencias de comer por placer de forma impulsiva ayuda a controlarlo, apoyándose en la actividad física y, de ser necesario, en la ayuda de un médico, nutricionista o psicólogo para encontrar la causa de fondo.










