Emprende Trome| Don Elmo Deza Aguilar es arequipeño, viene de una familia de comerciantes y confeccionistas. Estudiaba biología, pero sus estudios se truncaron cuando sus padres se enfermaron de gravedad. Vino a Lima para trabajar junto a su primo, fue vendedor de servicios en una lavandería. Con los años abrió su propio negocio de este rubro, y en dos oportunidades perdió todo, pues fue víctima de la delincuencia y de no saber administrarlo. Estos fracasos le dieron impulso para potenciar su marca. ‘Lava Stone’ tiene 12 años, le da servicios a la gente de Gamarra y de provincia.
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Mis padres estaban muy enfermos y yo no pude seguir estudiando, vine a Lima con mi primo que tenía un negocio de telas y también hacía pantalones. Yo trabajaba y de noche cuidaba el local, dormía en un cuartito en la azotea en el parque Cánepa. Llevé unos cursos de estampado y lavandería que me gustó mucho.
Yo llevaba las telas de mi primo a una lavandería industrial donde llevaban el material en crudo (telas) y les daban los efectos, les ponían los colores, era un trabajo minucioso que me deslumbró.
Con mi primo vendíamos telas y jeans a la moda, y nos iba muy bien. Mi primo llegó a tener 8 tiendas. Yo también dejaba este material a la lavandería Mervic y la recomendaba, hasta que un día el dueño me llamó para darme un sobrecito y había mil 200 soles, pues habían ido tres clientes que recomendé, y ahí me dijeron que siga haciendo esto para ganarme una comisión. Ese dinero me cayó del cielo, me hizo feliz porque les mandé a mis padres enfermos.
De mis padres, ellos son negociantes. Mi madre es confeccionista y siempre vi lo trabajadores que eran, amables, siempre querían agradar al cliente, y así soy yo, doy lo mejor de mi para que queden satisfechos.
He tenido a buenos clientes que creyeron en mí, ellos fueron quienes me decían que debía continuar, que confiaban en mí. Yo estaba a punto de comprar un carro y vivir de eso, pero ellos me motivaron, pues me dijeron que mi trabajo era bueno y por eso quedarían conmigo.
Porque mi amigo Clover, que trabajó en la lavandería donde yo enviaba clientes, me dijo que tenía experiencia y que él se encargaría de los procesos, así que alquilé un local y dos máquinas y empezamos con la cartera de clientes que tenía.
En la primera no tuve conocimiento de administración para el negocio y quebré. En la segunda abrí mi local en Huachipa, todo estaba muy bien hasta que nos robaron a mano armada y se llevaron, todo, desde las máquinas hasta el material de los clientes.
Pueden haber más de 200 lavanderías entre grandes, medianas y chicas, pero yo me esmero, trabajo muy duro para hacer lo que el cliente necesita, no desprecio ningún trabajo me traen a hacer acá y esa es la diferencia, por eso tengo una buena cartera de clientes que me respaldan.
Somos una empresa industrial muy competitiva, hacemos hasta los más mínimos detalles que pide el cliente, las manualidades. Nos traen la tela en crudo y le ponemos los colores que quieren, los procesos del denim (jean), rasgados, moteados, etc. Además, los lavados de óxido y americanos (azules, celeste, hielo), entre otros procesos.
Con mucho trabajo, honestidad y con buena actitud se puede lograr grandes sueños. Algunos la tienen más difícil que otro, y a mí me tocó caer varias veces, pero no me permití perder, con toda la actitud del mundo salí delante de nuevo.
Me he fortalecido, si no hay tropiezo no hay éxito, tengo bastante optimismo y fe de que todo irá bien, nos estamos consolidando en técnicas de lavado con asesorías empresas para dar mayor confianza a los clientes.
Este trabajo me ha permitido dar educación a mis cuatro hijos, el mayor que estudia administración me da la asesoría y apoya mucho a la empresa.
Provincianos: entusiastas
Arequipa: ciudad hermosa
Emprendedor: mucha actitud.
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