Tienen edad para estar en un salón de clases, pensando en qué carrera estudiar o qué hacer con su futuro, pero algunos adolescentes están terminando convertidos en integrantes de organizaciones criminales. Las mafias aprovechan su edad y el marco legal para reclutarlos y convertirlos en los llamados “pioneritos de las extorsiones”.
La violencia también termina alcanzándolos. Solo hasta agosto de este año, 67 adolescentes fueron asesinados y 46 de ellos murieron a consecuencia de impactos de bala. Las cifras apuntan a que este podría ser el año más letal para este grupo de edad, pues en todo 2024 se registraron 62 asesinatos y en 2025 fueron 88.
Detrás de cada captación existe una estrategia. Las bandas criminales buscan a menores y les ofrecen una suerte de pertenencia, dinero y hasta la posibilidad de portar un arma. De esa manera, jóvenes que deberían encontrarse en las aulas terminan incorporados a estructuras donde la violencia forma parte de su aprendizaje.
“Las bandas criminales de adultos y psicópatas se aprovechan de esta situación para cooptarlos y les brindan esa entre comillas familia que ellos necesitan”, explicó uno de los especialistas consultados en el reportaje.
Una vez que el adolescente ingresa al mundo criminal comienza un proceso de entrenamiento. Ya no se trata solamente de incorporarlo a una banda, sino de enseñarle paso a paso cómo ejecutar diferentes delitos.
“Les enseñan a los adolescentes cómo robar una cartera en un sitio público, cómo robar en los buses, cómo asaltar casas, cómo extorsionar y finalmente cómo matar gente”, explicó el especialista.
Ese adiestramiento también los expone a enfrentamientos entre organizaciones delictivas. En esas disputas participan menores que terminan convertidos en víctimas de la misma violencia a la que fueron incorporados.
El problema no se limita a Lima. En Trujillo, organizaciones como Los Pulpos han convertido la captación de menores en una forma de operar. El reportaje mostró incluso el caso de un adolescente de 14 años que habría participado en hechos delictivos utilizando un uniforme escolar.
La imagen resulta reveladora: un menor vestido como estudiante puede terminar siendo utilizado por una estructura criminal para ejecutar acciones que lo colocan en medio de actividades violentas.
En el Callao también se registró un caso similar. Los Injertos reclutaron a un adolescente de 17 años para participar en el robo de oro ocurrido en la Costa Verde. Pese a su intervención en este hecho, el menor quedó en libertad. Meses después, Dominic Alessandro Oré Salcedo (17), alias ‘Dominick’, cayó nuevamente en manos de la Policía como sospechoso del asesinato de Giancarlo Zegarra Cuadros, conocido como‘Careca’,ocurrido el sábado 8 de agosto en el distrito de La Perla, Callao.
Durante el reportaje de ‘Ocurre ahora’, también se expuso el testimonio de un adolescente interrogado sobre las armas que tenía. Ante la pregunta de cuántas armas de fuego poseía, respondió: “Cinco”. Luego precisó: “Dos largos y tres cortos”.
La utilización de menores representa para las organizaciones criminales una forma de buscar impunidad, aprovechando el régimen legal que los diferencia de los adultos. Esa situación ha generado preocupación y ha motivado cambios impulsados desde el Congreso.
En un primer momento, algunos pueden sentirse parte de algo, recibir dinero o experimentar el poder que creen obtener al manejar un arma. Sin embargo, detrás de esa aparente ganancia existe una vida marcada por delitos, enfrentamientos y riesgo de muerte.
“Una maquinaria de menores para servir al crimen que debe ser combatida cuanto antes”, fue la conclusión planteada durante el reportaje.
El desafío, además de enfrentar a las organizaciones que los captan, alcanza al Estado, las familias y los centros educativos. La pregunta planteada es cómo brindar a los adolescentes herramientas para que puedan elegir un camino distinto antes de que las mafias los conviertan en sus nuevos integrantes.
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