
Es de esas mujeres que no lo dudan cuando se trata de hacer realidad una buena idea y una madre poderosa que no se corre de las responsabilidades. Beatriz demuestra cada día, con trabajo y coraje, que todo se puede lograr cuando se tiene la disposición de hacerlo.
Con esa actitud, la ferretera nos cuenta cómo comenzó en el rubro, sus tropiezos y sus salidas airosas. Vaivenes que han hecho de su emprendimiento un negocio rentable.
Fue su pareja y padre de sus hijos, dedicado a trabajos de construcción civil, quien la animó a seguir este camino y no se equivocó. “Nunca imaginé emprender, pero ahora volteo atrás y me doy cuenta de que esa decisión cambió mi vida”, cuenta la comerciante.

Antes de ponerse detrás del mostrador, trabajó en una empresa haciendo el inventario y después manejó un mototaxi. Recuerda que incursionó en el mundo ferretero, sin saber nada de ello, pero que aprendió gracias a Internet y a los consejos de su pareja.
Si bien ahora cuenta con un negocio surtido y camiones que llegan, descargan y vuelven a salir, no siempre fue así. Al inicio atendía en un local pequeño donde solo vendía productos de limpieza. Fueron sus clientes quienes la animaron a ampliar su oferta con bolsas de cemento, arena, fierros y tuberías.

“Empecé con diez bolsas de cemento y las vendí rapidísimo. Eso me impulsó a seguir”, rememora. Tiempo después, su pareja se incorporó a la empresa familiar junto con otros cinco colaboradores para responder a la creciente demanda.
“Cuando todo comenzó, yo cargaba los fierros y los ladrillos, y hasta ahora lo puedo hacer si faltan manos, pero felizmente ya tenemos trabajadores que nos apoyan”, comenta.
En ese camino de emprendimiento, Progresol se convirtió en un aliado para seguir fortaleciendo la ferretería mediante sus incentivos. “Llegó cuando más lo necesitaba y estoy feliz porque siempre organizan capacitaciones que aprovecho para mejorar mis habilidades y la atención a mis clientes”, afirma.










