¡APRENDIENDO CON TROME! César Calvo vivió como escribía: con intensidad, humor y una curiosidad que lo llevaba de la poesía a la música y del periodismo a la Amazonía. Fue, además, una de las figuras más inquietantes de la Generación del 60. Nació en Lima el 26 de julio de 1940, aunque él se encargó de alimentar otra versión: decía que había nacido en un bote, en medio del Amazonas.
En 1960 compartió con Javier Heraud el primer premio del concurso ‘El poeta joven del Perú’ por ‘Poemas bajo tierra’.
Con Heraud mantuvo una estrecha amistad y juntos escribieron ‘Ensayo a dos voces’. Luego publicó ‘Ausencias y retardos’, ‘El último poema de Volcek Kalsarets’, ‘Cancionario’ y ‘Poco antes de partir’. Su poemario ‘Pedestal para nadie’ le valió el Premio Nacional de Poesía.
Su vínculo con la música también fue cercano: Chabuca Granda fue una de sus amigas más entrañables y Calvo profesaba públicamente la devoción que sentía por la cantautora.
También trabajó en los diarios y las revistas más importantes de Lima. Paralelamente, cultivó una profunda fascinación por la Amazonía, heredada de su padre, el gran pintor César Calvo de Araujo.
Ese vínculo se reflejó en ‘Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía’, publicada en 1981, una de sus obras más singulares y recordadas.
Ya con su salud bastante deteriorada a causa de una sordera que le hacía escuchar sonidos extraños y lo aislaba del mundo, fallece el 18 de agosto de 2000 en Lima, víctima de un paro cardíaco.
César Calvo conoció a Chabuca Granda en 1961 y, desde aquel encuentro, nació una amistad que se mantuvo hasta la muerte de la cantautora.
Con su particular sentido del humor, el poeta se presentó como ‘mitómano de profesión’ y le aseguró que ‘Puente de los suspiros’ (canción emblemática de Granda) había sido escrita para él.
La ocurrencia dio paso a una cercana relación y, con el tiempo, Calvo también dejó su huella en el repertorio de Chabuca, pues fue autor de ‘María Landó’ y ‘Acércate a la candela’.
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