La divertida historia rápidamente se ha convertido en viral. (Foto referencial: Freepik)
La divertida historia rápidamente se ha convertido en viral. (Foto referencial: Freepik)

Una de las ventajas que dio teletrabajo que se popularizó con la pandemia de la es poder ir al baño con intimidad. Y precisamente de esto es lo que trata un extenso hilo que se ha convertido muy popular en ya que narra la traumática historia de por qué el columnista de eldiario.es, Daniel Méndez, nunca usa el inodoro de su oficina.

A través de la cuenta @LosPajarosPican, el director creativo publicitario comenzó narrando que cuando trabajaba en unas oficinas de Barcelona y cada vez que sentía la necesidad de defecar se iba a un baño que no se encontrara en su planta para no coincidir con sus compañeros y tener un momento incómodo.

Es en una de sus búsquedas que encontró un baño ubicado en la planta 9, que siempre estaba vacío; sin embargo, no era el único que iba a allí a realizar sus necesidades. Durante mucho tiempo Daniel coincidió con un hombre que casualmente iba a diario a la misma hora que él y echaban charla durante largos minutos.

Ambos nunca se vieron la cara y un día de repente, al volver de las vacaciones de Navidad su acompañante de baño no volvió jamás, porque ya no trabajaba allí. Es así que él lo buscó por toda la oficina, conversando con cada empleado con el que se encontraba, pero nunca reconoció su voz en nadie.

Logró hallar a su compañero en el lugar menos esperado

Con el paso del tiempo, durante un mitin político, escuchó una voz que le resultó familiar y se dio cuenta de que su amigo con el que había estado charlando en el inodoro era un personaje público: Albert Rivera, el exdiputado en el Parlamento de Cataluña. Su historia ha arrasado en redes sociales con miles de ‘me gusta’.

Algunos de los comentarios más destacados son los siguientes: “No sé si es verdad o no, pero para mí lo será, para siempre”, “Jajajaja Nunca echar un ñordo fue tan romántico. Poesía de cloaca”, “Maravilloso. Lo leo desde el trono, disfrutando de uno de los mayores placeres del teletrabajo: cagar en casa”, “Yo siempre me quedaba más rato después de la hora de plegar. Mis jefes pensaban que era para ‘tirar de la empresa’ pero era para ‘tirar de la cadena’ tranquilo. Sin importar cuánto tardo, ni cuánto huele”.

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