El Chato Matta llegó al restaurante por su arroz con pollo parte de pierna, papa a la huancaína con huevito duro y su jarrita de emoliente con cebada tibiecita para aguantar el frío. “María, la delincuencia en la ciudad ya no solo se da en las calles con los malditos ‘raqueteros’ y ‘marcas’.

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Ahora la Internet está llena de bandas de delincuentes que hacen de las suyas en las aplicaciones, como Tinder, por ejemplo, utilizadas por los que desean conseguir pareja. En ella, muchos han logrado hacer cumplir sus sueños de conseguir una novia e incluso esposa o esposo.

Pero no todo es color de rosa. Sino que lo diga mi amigo, el doctor Nicanor, que era mi jefe en el ministerio. Nicanor es viudo y vive solo en una buena casa en Jesús María. Sus hijos están casados y lo que no hizo de joven lo estaba haciendo ya en la tercera edad. Se hizo adicto al Tinder, pero la verdad es que no encontraba el perfil que buscaba.

Solo conseguía ‘tías’ de su edad y me decía: ‘no pues, sobrino, pan con pan no corre, además, yo no soy arqueólogo’. Ya estaba pensando ‘tirar la toalla’ cuando se conectó con él la guapa Marianita. Nicanor no lo podía creer cuando vio su foto. Parecía una de esas modelos de la televisión. Tenía una carita dulce. Le contó que se sentía decepcionada con los chicos de su edad, que solo querían llevarla a la cama a la primera cita y ella deseaba algo serio.

‘Ya estoy harta, prefiero a los hombres maduritos y responsables, como tú’. Para completar su historia infortunada le dijo que acababa de fallecer su padre. ‘Yo era su engreída, por eso veo en los hombres maduros su imagen’. Nicanor estaba conmovido y le dijo para encontrarse personalmente. Pero ella le respondió que era muy pronto. Que debían conocerse más a través de las redes.

Así lo estuvo ‘chambeando’ tres meses. El sesentón estaba desesperado y Marianita le dijo: ‘Está bien, Nicanor, yo también estoy ansiosa de encontrarme contigo, pero no en la calle, como una más. No quiero irme a un hotel, no soy de esas, quiero estar en tu casa, echarme en tu camita, papi’. A Nicanor se le salía el corazón y le dio su dirección y la citó a las cuatro de la tarde.

Marianita llegó buenamoza, como la de la foto. Antes de entrar le preguntó si había gaseosas en su casa porque ella no tomaba licor. Entonces fueron a comprar gaseosas, pan y embutidos ‘para tomar un lonchecito’. En la sala le dijo: ‘Estás muy serio, ponte una ropa más casual, relájate’. El tío, ebrio de lujuria, voló a su dormitorio a ponerse polito y un pantalón de buzo. Se le veía más juvenil.

Cuando salió, la muchacha le sirvió gaseosa y un pan con jamón del país. Eso es lo último que recuerda. Despertó al día siguiente. Y parecía que por su casa había pasado un huracán. Todo revuelto. Mariana y sus secuaces se llevaron dinero en efectivo, laptops, relojes de marca, televisores de pantalla gigante, hasta sus ternos y zapatillas que le manda uno de sus hijos de Estados Unidos.

‘Chato -me confesó-, tenía diez mil dólares que estuve ahorrando para ir a Qatar si Perú clasificaba al Mundial’. Ahora se queja porque las investigaciones van a paso de tortuga y maldice su suerte”. Pucha, a ese señor Nicanor le robaron por intentar meterse con jovencitas. En las redes navegan bandas de asaltantes y hay que tener mucho cuidado. Me voy, cuídense.

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