
El Chato Matta llegó al restaurante por un tiradito tricolor y un arrocito con mariscos. Para la sed, una jarrita de limonada con hierba luisa. “María, el gran Pancholón me llamó y le sentí la voz apagada. ‘Papá, ya no jalo, los años no pasan en vano, somos saunita, te espero en el privado. Eso sí, cuídate de los envidiosos, maleteros y malaleche’.
Me puse a pensar en la vida que lleva el abogado mujeriego, tantas amanecidas con mujeres a punta de ron. Es impresionante. Ya está viejo, pero no se cansa de vivir la vida loca. Duerme con una en La Posada, se levanta, va a sus audiencias y en las noches hace el amor con furia en su carro con la ‘señora de las cuatro décadas’, que es insaciable.
‘Chatito, voy a morir en mi ley. Mucho trabajo me tiene estresado. Me iré al Caribe una semanita con la tóxica, pero ya le aclaré que no se alucine mi esposa. Solo somos salientes, disfrutamos la vida y nunca más me voy a casar porque ya me divorcié dos veces.
La vida es una sola, soy callejero y no cambio por ninguna mujer. Te cuento que jugué una pichanga con unos abogados y después me escapé con una ricura a un restaurante frente al mar donde hay orquestas en vivo”.
Ni bien llegamos, los músicos empezaron a cantar: ‘Los amigos no se besan en la boca/ los amigos no se extrañan todo el día, gente loca/ los amigos no se llaman a las dos de la mañana/ los amigos no se deberían dormir en la misma camaaaaaa…’.

Causita, a ti no te voy a mentir, tomo mi ‘pitufito azul’, salgo de La Posada molido, pero dejo bien a los varones. Hace poco me tocó una mujer muy difícil de conquistar, me obsesioné con ella, soñaba que era mía, pero es muy especial. En el transcurrir de varias salidas me di cuenta de que le gustaba que le diga palabras sensuales al oído.
Tuve que decirle palabras que no sentía. ‘Te amo’, le repetí, pero mi único propósito era estar con ella en la intimidad. Lo logré y después se me fue el encanto. Ahora me arrepiento, pude tener algo serio con ella, pero la perdí por mi mala cabeza. Las mujeres no entienden que nunca más me voy a casar y se ponen histéricas.
Estuve en mi carro con mi ‘señora de las cuatro décadas’, bien rico, y cuando terminamos le dio ataque de celos. A mis años ya no estoy para soportar tonterías. Le pedí un taxi y la embarqué a su casa. Buenas noches los pastores. Me iré unos días al Caribe a relajarme, ojalá que a la tóxica no le dé ataque de celos cuando le haga el amor’”. Pucha, ese señor Pancholón es sinvergüenza. Encima, está mal de la vejiga y la próstata porque orina a cada rato. Me voy, cuídense.
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