Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín saltado de pollo con harto ajicito molido. Para tomar pidió una jarrita de limonada heladita. “María, el Senado es la llamada ‘cámara reflexiva’ del Parlamento bicameral. Es decir, ahí se analizan y corrigen los proyectos de ley aprobados en Diputados.
Su importancia es esencial para el manejo del país. Por eso, lo lógico es que quienes hayan llegado a esa instancia sean intelectuales, expertos en Derecho o en alguna disciplina del saber. Pero este no es el caso.
Tras las últimas elecciones, gracias al voto de gente que le importa un comino el futuro del Perú, ha llegado al Senado personajes como José Castillo Terrones. ¿Quién es? El hermano del expresidente golpista Pedro Castillo. Su origen humilde no es el tema, sino su capacidad para integrar la cámara alta. Uno lo escucha hablar y se sorprende porque no puede hilar una sola idea inteligible. Confunde el número, la sintaxis y su discurso es peor que el de Cantinflas. ¿La izquierda no puede presentar algo mejor? ¿O hay cuotas?
Uno recuerda a Carlos Malpica, Alfonso Barrantes, Jorge del Prado, Javier Diez Canseco o Genaro Ledesma y no entiende qué pasó para que hayamos acabado así.
Urge una reingeniería en las leyes electorales. Debe haber un filtro mínimo para postular al Congreso, ciertos méritos, una trayectoria, una suficiencia, un libro escrito, una ponencia, una vida dedicada a la política. Ya basta de aventureros.
El Estado no es una chacra ni un botín. Llegar a la administración pública debe ser un mérito, un servicio a la Nación, no el premio económico para castas políticas. Hay que tener ponderación. Necesitamos que nuestros representantes pertenezcan a una élite, pero no a una económica ni social, sino intelectual.
Solo los mejores deben ir. Los más preparados, los que estudiaron y tienen una carrera meritoria, alabada. Para eso se tienen que formar partidos fuertes, con una militancia enorme y donde los cuadros se preparen. Deben ser el primer filtro. Nada de herencias políticas”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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