El presidente de Colombia, Gustavo Petro. (Foto de Luis ACOSTA / AFP).
El presidente de Colombia, Gustavo Petro. (Foto de Luis ACOSTA / AFP).

Este Búho celebra que el hermano país de Colombia haya despertado y elegido en primera vuelta con más de diez millones de votos al candidato derechista Abelardo de la Espriella. En segundo lugar se ubica el izquierdista Iván Cepeda, que consiguió nueve millones de sufragios, por lo que se irán a segunda vuelta. Ojalá se confirme esta tendencia. Ya sabemos a dónde llevan a los países esos modelos fracasados que hablan de pueblo y solo lo empobrecen y dejan sin alimentos ni medicinas, como lo hizo el

Al que le cayeron como una ‘bomba’ estos resultados fue al presidente Gustavo Petro, quien a través de sus redes sociales dijo que desconocía los resultados. No me sorprende. Hay muchos peruanos que no conocen mucho del prontuario de Petro, que tiene un pasado como cabecilla del sanguinario grupo guerrillero M-19. Ese siniestro grupo radical, inspirado en la guerrilla cubana de Fidel Castro, que se formó el 19 de abril de 1970, con el liderazgo del carismático Jaime Bateman Cayón, tenía aparentes fundamentos ideológicos progresistas, pero terminó convirtiendo a su grupo en una máquina de matar y secuestrar.

Con el tiempo se revelaron sus crecientes vínculos con el narcotráfico, específicamente del cártel de Medellín, a órdenes de Pablo ‘El Patrón’ Escobar. Este influyó de gran manera en su estructura jerárquica, después que los guerrilleros secuestraran en 1981 a Nieves Ochoa, hermana de los hermanos Ochoa, miembros del cártel de Medellín.

Escobar organizó un grupo paramilitar, ‘Muerte a los Secuestradores’, que asesinó y secuestró a varios dirigentes del grupo de Petro hasta que estos liberaron a la muchacha. Jhon Jairo Velásquez, ‘Popeye’, sicario de Escobar, declaró a la Comisión de la Verdad que los guerrilleros y el narcotráfico hicieron un pacto. El M-19 quería una acción que les diera publicidad, como los secuestros de aviones y embajadas. Pablo les dio la idea: ‘Tomen el Palacio de Justicia y de paso quemen los expedientes judiciales’. Según ‘Popeye’, ‘el capo financió con dos millones de dólares la toma’.

En noviembre de 1985, un comando subversivo ingresó a sangre y fuego al Palacio y tomó más de 350 rehenes. Después de 28 horas, el Ejército recuperó el edificio, pero el saldo fue devastador: 101 muertos —once magistrados, abogados, visitantes, empleados, policías, guardias de seguridad y humildes colombianos—, así como la destrucción de todos los expedientes, investigaciones y archivos que evidenciaban los vínculos y acciones narcoterroristas del M-19 con el cártel de Medellín.

Fue una violenta reacción de este grupo contra el débil gobierno democrático de Belisario Betancur. Gustavo Petro era el ‘comandante Aureliano’ en los días del sangriento episodio. Aunque la prensa colombiana, a raíz de su llegada a la presidencia, ha investigado el paso del mandatario como guerrillero y descubrió que era conocido como el ‘comandante Cacas’. El origen del apodo se remonta a los años ochenta, en que mantenían secuestrados a empresarios y políticos por los que exigían millonarios rescates.

Esas prisiones eran miserables agujeros de dos metros bajo tierra y tenían una abertura por donde les pasaban agua y un mendrugo de pan a los cautivos. Según testigos, antiguos guerrilleros, el ‘comandante Aureliano’, o sea Petro, se bajaba los pantalones y defecaba en el hueco como si fuera una letrina, para embarrar con su excremento a los infortunados secuestrados.

Resulta increíble que los hermanos colombianos hayan elegido a este tipo como presidente. Aunque no debe sorprendernos mucho porque acá votamos por Pedro Castillo, que puso ministros del Movadef, brazo legal de Sendero Luminoso. Y ahora algunos pretenden repetir la historia con Roberto Sánchez y su sombrero, y de yapa Antauro Humala. Advertidos estamos. Apago el televisor.

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