
Este Búho siempre ve con atención los casos de ‘burriers’ que son capturados en el aeropuerto Jorge Chávez. Leo en un reconocido portal que la Policía intervino a un ciudadano peruano que intentaba trasladar ¡¡119!! cápsulas de cocaína en su organismo a Italia.
Las autoridades ya lo venían siguiendo. Fue llevado de urgencia al Hospital Daniel Alcides Carrión, donde evacuó más de un kilo de coca valorizado en más de 45 mi dólares en el mercado europeo. Si una sola cápsula se rompía, el detenido no la contaba. Su muerte hubiera sido al instante. De inmediato se me vino a la mente la serie de culto: ‘El ángel vengador: Calígula’ (1993).

Una realización de Iguana Producciones, bajo la dirección de Lucho Llosa y guion de Miguel Rubio del Valle, serie que batió récord de rating en esos tiempos. En ella, unos jovencitos Julián Legaspi y Renato Rossini papá encarnaban, con nombres ficticios, al gigoló Fernando de Romaña, ‘Calígula’, y su amigo Julio César ‘Chato’ Domínguez, asesinados en circunstancias aún no aclaradas.
Un ‘clan’ de jovencitos de Miraflores, liderado por Fernando de Romaña Azalde e integrado por Julio ‘Chato’ Domínguez Barsallo, Luis ‘Loco’ Mannarelli Rachitoff, Horacio Puccio, entre otros, eran los reyes de la noche, las ‘movidas’ miraflorinas y las discotecas del sur.
Junto a ellos siempre se le veía a un tipo diez años mayor, Alejandro Gonzales Ramírez, alias ‘Jano’. Experimentado, quien paseaba a los del ‘clan’ en su auto de lujo y organizaba en su casa de playa orgías donde nunca faltaban chicas, abundante licor y drogas. Se ufanaba de que un tío suyo había sido ministro del Interior y tenía antecedentes de tráfico de drogas en Estados Unidos.
A inicios de los noventa, los jóvenes del ‘Clan Calígula’, como los llamaba la Policía, justificaban su alto costo de vida colocándose la fachada de vendedores de autos y motos, pero la Policía decía que ‘no vendían ni una bicicleta’ y sospechaba que traficaban con cocaína entre la ‘high life’.
A los investigadores les resultaban también sospechosos sus constantes viajes a Miami. En ese tiempo los acusaron de fotografiar y filmar a jovencitas y mujeres casadas con las que tenían sexo, para luego extorsionarlas, amenazándolas con entregar las imágenes a sus padres o esposos.
También de hacer filmes pornográficos con las jóvenes después que estaban drogadas en sus bacanales. Según los agentes de la entonces Policía de Investigaciones del Perú (PIP), los malandros miraflorinos chocaron con gente poderosa e influyente, o posiblemente ‘cerraron’ a una organización de narcotraficantes con un ‘pase’ y eso pudo ser su perdición.
EL ÁNGEL VENGADOR
Pero ellos seguían con su vida loca. Pintones, paraban en gimnasios, levantaban pesas y practicaban artes marciales. Eran insolentes y seductores con las mujeres. Los mataron por un ajuste de cuentas o venganza. Ellos tenían demasiados enemigos y, según la madre de Fernando, hasta eran extorsionados por los propios efectivos policiales. Pudo ser un ajuste de cuentas del narcotráfico, pero también se hablaba de la venganza de algún marido engañado, o la justicia tomada por propia mano de un alto oficial en defensa de su hija burlada, porque junto a los cadáveres se encontró un papel que decía: ‘El ángel vengador’. ¿Ese era el asesino? Ante la fiscal Nancy Vargas Cuba, Horacio Puccio Ballona, conocido de los fallecidos, señaló que ‘Jano’ fue el asesino de ‘Calígula’ porque este y el ‘Chato’ se robaron un ‘ladrillo’ de cocaína de su casa de playa valorizado en quince mil dólares.

A la vez, la hermana de Fernando de Romaña, Giuliana, llamada en los medios como ‘La Caligulina’, sindicó a ‘Jano’ como la persona que se robó del dormitorio de su hermano dos libretas de apuntes y varios videos de las orgías del clan, al día siguiente del asesinato, 14 de febrero.
Detenido tras ser acusado ante el Poder Judicial por homicidio, los medios lo comenzaron a llamar ‘El ángel vengador’. Puccio fue detenido, pero salió libre poco tiempo después y siguió en las andadas de ‘burrier’. Años más tarde, una mañana de 1999, se encontraba en el aeropuerto a punto de viajar a Europa. Tomó un vaso de Coca-Cola y antes de subir al avión empezó a convulsionar y ahogarse. Los ácidos de la bebida habían roto una de las 229 cápsulas de cocaína que llevaba dentro de su estómago de ‘burrier’. Horacio tuvo una rápida pero horrible muerte. Triste final. Apago el televisor.








