
Este Búho es un veterano en el oficio de cubrir elecciones. Son más de tres décadas en las que el periodismo me ha puesto como testigo directo. Lo que veo ahora, en los dos últimos procesos electorales, es una polarización histórica. Esa brecha ha ido creciendo paulatinamente gracias a los justos reclamos de personas que se sienten desplazadas y ajenas a los intereses de quienes gobiernan.
Como hace cinco años, la victoria de un candidato es por la mínima diferencia. Es una final de fotografía. Esta situación nos revela un país partido por la mitad. Celebrar anticipadamente un triunfo no solo es inoportuno, sino peligroso, pues genera una percepción equivocada en la población.
Roberto Sánchez, tras su balconazo en la plaza San Martín, demuestra una inmadurez política que podría generar un enfrentamiento social. En estos días se espera mesura y tranquilidad por parte de los candidatos hasta que los resultados oficiales sean claros. Para muchos, los resultados reflejan ese enfrentamiento del sur con el resto del país, para otros es la consecuencia de años de olvido.
Pero la respuesta está en la calle, por donde camino. He tenido la suerte de recorrer gran parte del país, de extremo a extremo. Muchas veces como enviado especial de este diario y otras tantas por decisión propia. Es fundamental hacerlo si se quiere hablar o escribir sobre él.
Ningún libro, ningún compendio, ni ningún analista de TikTok te puede dar un panorama tan amplio y real como el que uno recoge cuando conversa con un compatriota asentado toda su vida en una pequeña comunidad campesina o una comunidad nativa, a donde se llega únicamente navegando en peque-peque o cabalgando en mula durante horas cruzando la cordillera.
Conocer su realidad es esencial para entender sus decisiones. Desde la comodidad de una computadora o con un plato de comida sobre la mesa, sus decisiones pueden parecer descabelladas, pero si por un minuto observamos desde sus zapatos resultan ser comprensibles y justas.
Ese es el Perú que solo volteamos a ver en las heladas o cuando toman las carreteras, aunque sea duro decirlo. Han sido invisibilizados desde siempre y, a pesar de tener los mismos derechos que cualquier peruano, no cuentan con una calidad de vida humanamente digna. Para los políticos, solo existen en tiempos de votaciones.
¿Qué busca ese grueso de nuestra población? Un gobierno que no los deje de lado y que también los vea como ciudadanos de esta gran patria. Por eso, candidatos radicales, que agitan la bandera de ‘incendiar la pradera’, encandilan a cierto sector.
Desde ahora alerto, ¡cuidado con la violencia de Antauro Humala y sus huestes! Ellos usan esa necesidad de nuestros hermanos para hacer propuestas descabelladas, como una asamblea constituyente, pero en el fondo lo que buscan es entornillarse al poder, eso ha quedado demostrado en países como Bolivia y Venezuela.
En el Perú estuvo a punto de implantarse con Pedro Castillo y su intento de golpe de Estado. Muy a pesar de eso, el próximo gobernante tendrá que tender puentes con la otra mitad que votó en su contra. Y, sobre todo, dialogar con su oponente para hacer consensos y evitar aún más la polarización, la que si no es bien manejada, podría terminar en un conflicto social.
El gran reto de nuestro futuro presidente o presidenta será atender con urgencia a ese sur del país que se siente relegado y olvidado. Sectores del Perú que reclaman una vida digna, servicios básicos, disminución de la anemia, colegios y hospitales de calidad, acceso a Internet, garantías para sus libertades democráticas, de expresión e información, oportunidades de expansión de sus pequeños negocios, seguridad jurídica de sus propiedades y un sistema judicial que los proteja y ampare de los abusos.
Ese será el gran desafío de quien nos gobierne en los próximos cinco años: hacer un Perú más igual, más libre, tolerante y pluralista. Apago el televisor.
MÁS INFORMACIÓN:








