
Prestaste dinero a un amigo o a un familiar con la promesa de que te lo devolvería pronto, pero esa plata nunca retornó a tus manos. Ahora ese amigo o amiga, al que ayudaste, te evita, se esconde cuando te ve, no responde tus llamadas y los encuentros cada vez son más incómodos. La relación cambió y seguro que para siempre.
Es que prestar dinero es un acto de confianza y bondad, pero también es una acción que pone a prueba las relaciones más sólidas entre amigos.

Muchas veces, esas gestiones que son gratificantes para el que presta, no son valoradas para el que pide prestado, quien pronto se olvida del gesto y de sus promesas de pago. Así no solo se pierde el dinero, sino también el respeto, la tranquilidad y la amistad.
Un consejo que suelen dar los asesores de finanzas es que, si le vas a prestar plata a un amigo, consideres ese fondo perdido. Tampoco se trata de darle grandes cantidades; presta lo que estés dispuesto a regalar. Considéralo como una donación. Si te lo paga, bien, y si no te lo paga, ya sabes que nunca más deberás prestarle.
Y que este caso te sirva de experiencia para pensarlo bien antes de mezclar deuda con amistad, porque esto transforma una relación afectiva en una transacción comercial, lo que pone en riesgo el dinero y el vínculo personal.










