
¡APRENDIENDO CON TROME! ¿Alguna vez has dicho que un examen estuvo ‘dificilísimo’ o que tu amigo es ‘buenísimo’ en matemáticas? Si es así, ya sabes usar los superlativos.
Los superlativos llevan una cualidad a su máximo nivel y suelen formarse añadiendo -ísimo, -ísima al adjetivo (buenísimo, malísimo).
Sin embargo, existen superlativos que, en lugar de usar el clásico -ísimo, regresan a su raíz original en latín o adoptan la terminación -érrimo /-érrima. Son considerados cultos. Comparemos.
Si quieres hablar de alguien muy sabio, puedes decir que es sapientísimo, mientras que una persona extremadamente fiel es alguien fidelísimo.

El frío extremo se vuelve frigidísimo, lo sagrado pasa a ser sacratísimo, alguien muy cruel es crudelísimo y muy tierno se describe como ternísimo. Tu mejor amigo es amicísimo, aunque se escuche más amiguísimo.
ADJETIVOS CON -ÉRRIMO
Por ejemplo, si tu cuarto queda impecable, no está pulcro, está pulquérrimo. Una persona muy honesta, íntegra, es alguien integérrima; un hombre muy pobre o desdichado es paupérrimo o misérrimo.
Esta regla también transforma a una persona muy libre en alguien libérrimo, a un artista célebre y famoso en celebérrimo, a un lugar muy saludable en un sitio salubérrimo y a un campo lleno de vegetación en un terreno ubérrimo. También transforma lo muy agrio en acérrimo, término que hoy usamos para describir pasiones intensas, como un ‘enemigo acérrimo’.
DATITO
La gramática española permite que los superlativos también afecten a los adverbios (cerca y cerquísima, lejos y lejísimos, tarde y tardísimo, rápidamente y rapidísimamente y fácilmente y facilísimamente, por ejemplo). Además, pueden afectar a sustantivos (hermano y hermanísimo, enemigo e inimicísimo) y cuantificadores (mucho y muchísimo, poco y poquísimo).










