¡APRENDIENDO CON TROME! Para entender por qué la frase ‘ojalá Dios quiera’ podría ser considerada un error, debemos analizar primero el origen de la palabra ‘ojalá’.
El Diccionario de la lengua española (DLE) de la RAE certifica oficialmente que ‘ojalá’ proviene del árabe hispánico ‘law šá lláh’ y se traduce como ‘si Dios quiere’ o ‘si Dios quisiera’.
Es una expresión usada por los musulmanes para expresar un deseo supeditado a la voluntad de Dios.
La expresión árabe ‘law šá lláh’ evolucionó en castellano debido al contacto prolongado durante la dominación musulmana en la península ibérica, hasta convertirse con el tiempo en la palabra ‘ojalá’, que expresa un deseo o la esperanza de que algo ocurra. Siempre lleva implícita la idea de que no depende nada más de nosotros, sino de un poder mayor.
Si nos ceñimos a la raíz de las palabras, decir ‘ojalá Dios quiera’ sería igual a decir ‘si Dios quiere; Dios quiera’. Por ello, algunos manuales de estilo antiguos sugerían evitarla para no cometer un pleonasmo o redundancia.
Sin embargo, la lingüística moderna y las corporaciones de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) defienden que la frase es válida porque, al pasar al español, ‘ojalá’ sufrió un proceso de fosilización, es decir, perdió el significado original.
Los hablantes nativos ya no piensan en el Dios del islam (Alá), ni analizan la frase en árabe. Para un hispanohablante, ‘ojalá’ es simplemente una interjección gramatical que denota un ‘vivo deseo de que suceda algo’.
Durante la presencia musulmana en la península ibérica, la frase pasó al castellano antiguo como oxalá. El gramático español Antonio de Nebrija registró la palabra y la incluyó en su diccionario ‘Vocabulario Español-Latino’ (1495), consolidando el origen de este arabismo en el léxico español, que con el tiempo se convirtió en ojalá.
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