Los huaicos son aluviones o torrentes de barro y piedras que, desde hace mucho y hasta hoy, descienden a gran velocidad por las quebradas, tras ser activados por lluvias torrenciales.
Durante el Imperio de los incas, en los siglos XV y XVI, se aplicaron las siguientes medidas para prepararse ante la llegada de los huaicos, afrontarlos y superar sus daños.
Orden territorial. En las quebradas naturales —caminos del agua por donde descendían huaicos— no se cultivaba ni se construían casas como hoy la gente hace.
Andenes. Las terrazas escalonadas en laderas de los cerros, llamadas andenes, permitían sembrar cultivos y reducir la velocidad del agua y la erosión en las laderas.
Camellones. Construían waru waru, plataformas de tierra elevadas rodeadas por canales de agua. Eso manejaba el exceso de agua y la drenaba.
Reforestación. Sembraban árboles para crear bosques en riberas de ríos, que servían de contención ante crecidas y desbordes.
Cochas. Construían lagunas artificiales —cochas— para recolectar el agua de lluvia y reducir la formación de torrentes.
Minka. El trabajo comunitario obligatorio o minka permitía tener operativa la infraestructura hidráulica antes de la temporada de lluvias, así como ayudar a los damnificados y reconstruir edificaciones afectadas por los huaicos.
Trabajo de los incas ante huaicos. Foto: composición Trome
Datito
Ante el paso de un huaico —palabra que proviene del quechua wayq’u—, los antiguos peruanos también aprovechaban que el torrente había arrastrado sedimentos, arcilla y materia orgánica —como ramas y plantas— a las partes bajas para, en esa ‘tierra fertilizada’, sembrar algunos cultivos. Todo siempre bajo supervisión de expertos topógrafos que examinaban la condición del suelo y la seguridad para cultivar en la zona.