
Muchos padres se plantean la meta de ser ‘los mejores’ o incluso perfectos, pero ¿es realmente posible? Aunque las intenciones sean buenas, la psicóloga Lizeth Limas explica que alcanzar una paternidad libre de errores no es viable; sin embargo, sí existen conductas que favorecen el desarrollo emocional de los niños y les permiten crecer en entornos seguros y afectuosos.
Para la especialista, lo principal es dejar de lado la idea de la excelencia y enfocarse en las necesidades de los menores. Entre las prácticas que pueden fortalecer la convivencia destacan escuchar con atención antes de corregir, generar un ambiente de confianza sin recurrir a juicios ni humillaciones, establecer límites con afecto y firmeza, disculparse cuando sea necesario y compartir momentos significativos en familia.
“Pensamos que ser un buen padre es solamente darles amor y no siempre es así. También deben establecer reglas para que más adelante los chicos sean responsables y respetuosos”, recalcó Limas.
Es importante recordar que nadie tiene todas las respuestas sobre la crianza. Con presencia, empatía y cariño constante, es posible acompañar el crecimiento de los hijos de forma saludable. Aprender durante el proceso, equivocarse y volver a intentarlo también forma parte de esta experiencia.










