Familia

Doña Rosa moderniza la bodega con la que sacó adelante a su familia

Hace tres décadas, la emprendedora de 75 años dejó el comercio ambulatorio y apostó por la estabilidad con YaYa Market, en el Cercado de Lima.
Bodeguera del Cercado de Lima. Foto: difusión

Desde muy joven, doña Rosa (75) aprendió lo que era ganarse la vida con esfuerzo. Primero trabajando en casas ajenas, luego vendiendo pescado y más adelante verduras en mercados y calles. Pero fue en 1993 cuando, decidida a dejar atrás la inestabilidad del comercio ambulatorio, abrió su tienda YaYa Market en el Cercado de Lima.

YaYa Market nació porque buscaba algo más estable, un negocio que le diera seguridad y le permitiera apoyar mejor a su familia, especialmente en la educación de sus tres hijos. “Nada fue fácil. Hubo momentos en que no teníamos capital y la situación del país complicaba las ventas, pero siempre fui luchadora. Nunca dejé de intentarlo”, recuerda con orgullo.

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Con más de tres décadas de trabajo, su tienda ofrece abarrotes, comida para mascotas, golosinas, bebidas y licores, siendo estos últimos los de mayor demanda, sobre todo los fines de semana y feriados.

Aunque mantenerse vigente no ha sido tarea fácil, doña Rosa nunca bajó los brazos. Hoy, gracias al impulso de su hijo menor, Percy, YaYa Market se ha modernizado. Cuentan con sistemas digitales para controlar las ventas y el inventario. “Él me ayuda con la administración y ha metido la tecnología. Me da gusto ver cómo hemos crecido juntos”, afirma.

Para ella, la clave de la permanencia está en saber adaptarse a los tiempos. “Uno no puede quedarse en lo de antes. Hay que estar atentos a lo que el barrio necesita”, aconseja. Y lo dice con autoridad. Conoce bien el esfuerzo detrás de cada sol. También cree que una buena emprendedora debe ser perseverante y mantener siempre una actitud positiva, “porque los momentos difíciles no faltan, pero con paciencia y empuje se puede salir adelante”.

Lo que más valora de su tienda es que le ha permitido salir adelante junto a su familia. “Pude ayudar a mis hijos con sus estudios, y la tienda me dio estabilidad. Además, siento el cariño de mis vecinos, que me han visto trabajar toda la vida. Eso no tiene precio”, expresa emocionada.

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