
Adoptar a un perrito de la calle es un acto de amor, pero también un proceso que exige paciencia, información y empatía. Detrás de su mirada temerosa o de conductas extrañas hay duras historias de supervivencia que no desaparecen de inmediato.
El veterinario Carlos Justil explica que lo primero es respetar su ritmo de adaptación. “Muchos perros llegan con miedo, desconfianza o incluso conductas defensivas. Esto es normal. No debemos forzarlos a sociabilizar ni sobreexponerlos a estímulos”, señala.

Entre las conductas habituales en esta etapa están esconderse, comer con ansiedad o reaccionar con temor a ruidos o movimientos bruscos. También pueden mostrar desconfianza al contacto físico. “La paciencia es fundamental. El vínculo no nacerá de la noche a la mañana, es un proceso”, añade Justil.
En cuanto a los cuidados, es importante llevarlos al veterinario apenas llegan a casa para una revisión general, desparasitación y vacunas. También se debe evitar el castigo, ya que levantar la voz o corregirlos bruscamente solo aumenta el miedo y puede afectar su conducta a largo plazo.
“Detrás de la agresividad o la hiperactividad suele haber estrés o experiencias previas difíciles. La mejor forma de criarlos es con refuerzos positivos y premios ante una buena conducta”, indica.










