
La rabia no es una enfermedad del pasado. Aunque muchos creen que ya no existe, la realidad es que nunca se fue. Casos recientes en otros países han vuelto a alertar sobre su presencia y el riesgo que representa para animales y personas.
Se transmite por la mordedura de un animal infectado y afecta el sistema nervioso. En perros y gatos puede causar cambios de conducta, agresividad, desorientación o salivación excesiva. Es mortal una vez que aparecen los síntomas.

El problema es que muchas veces se baja la guardia. Mascotas sin vacunas al día aumentan el riesgo de contagio. La vacunación anual es la forma más efectiva de prevenir y proteger a toda la familia.
Evitar el contacto con animales desconocidos y actuar rápido ante una mordedura es fundamental. La rabia no da segundas oportunidades. Prevenir es una responsabilidad. Vacunar no es opcional, es protección.
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